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M. A. PALLÁS, Chiva
Nuestra comarca no ha sido ajena a uno de los sucesos que más intranquilidad
ha despertado recientemetne entre todos los ciudadanos de la Comunidad
Valenciana, donde desde los primeros días de esta semana se han venido
sucediendo cerca de una veintena de movimientos sísmicos de mayor o menor
intensidad.
Unos seísmos que este domingo se sumaban a los dos primeros registados
el pasado martes, día 16 de agosto, de 4,3 y 3,4 gradops en la escla de
Richter, y cuyo epicentrodel amyor se localizó a 34 kilómetros de la capital
valenciana. Como ya avanzábamos desde estas mismas páginas la pasada semana,
ambos temblores también fueron percibidos claramente en localidades como
Buñol o Chiva, al igual que ocurrió con los movimientos de mayor intensidad
del pasado domingo.
El primero de ellos de 4,2 grados y el segundo de 4,6. No obstante, estos
movimientos tan sólo se han dejado sentir ahora como un leve temblor en
nuestros pueblos, especialmente en los edificios de mayor altura. Una
circunstancia que contrasta con otros terremotos padecidos en La Hoya
durante la última década, cuyos efectos fueron mucho mayores a los de
los actuales. Así, en La Hoya, Dos Aguas padeció un terremoto en enero
de 1990 de 3,4 grados en la escla de Richter; y en el término de Buñol
se localizó otro el día 21 de diciembre de 1991, además de en mayo de
ese mismo año, los dos con una intensidad cercana a los 4 grados Richter.
Movimientos que se sumaron al ocurrido a las 9 y siete minutos del 25
de mayo de 1993, de 3,6 grados de intensidad, que sacudió la comarca y
que, hasta la fecha, ha sido el más percibido por los vecinos de Buñol,
aunque tampoco produjo ningún tipo de daño. A estos seísmos hay que añadir
al ocurrido en el año 1911 con epicentro en Buñol, que derribó varias
casas y afectó a parte del castillo de la citada localidad.
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