Opinión. Carles Xerri: Hablemos de memoria

Carlos Xerri, concejal del Ayuntamiento de Buñol.
Carlos Xerri, concejal del Ayuntamiento de Buñol.

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El olvido y la desmemoria, intencionada esta o no, ha formado parte siempre de toda iniciativa memorialista. De hecho, el olvido, ha sido siempre la causa que ha movido a muchas instituciones democráticas, asociaciones por la recuperación de la memoria histórica y a diferentes organizaciones políticas y sociales a impulsar desde hace años todo tipo de actividades e iniciativas, orientadas a reconocer, recuperar, reparar y buscar la verdad de un periodo histórico negro para la historia de nuestro país. Iniciativas todas ellas encaminadas a sacar de la desmemoria a cientos de miles de personas e historias que jamás recibieron reconocimiento público alguno tras haber sufrido la represión, la humillación y la marginación por defender la libertad, la democracia y la justicia social.
Me estoy refiriendo a la injusticia que supuso el alzamiento militar del 18 de julio de 1936 contra el régimen de derechos y libertades que emanaba de la Constitución de diciembre 1931, tras la proclamación de la Segunda República el 14 de abril de ese mismo año.
Un olvido injusto y, en muchas ocasiones conveniente para una buena parte de los diferentes gobiernos que se han sucedido desde el periodo de la transición, pasando por una Ley de Amnistía, hasta llegar a nuestros días con más de 80 años de retraso desde el final de la Guerra Civil y con más de 40 desde el final de la dictadura.
Todas estas décadas son las que el Estado español lleva de retraso en cuanto al reconocimiento, la búsqueda de la verdad, la justicia y la reparación de todas las víctimas del franquismo y la dictadura. Es decir, no es que el Estado que hoy conocemos sea el responsable de los crímenes franquistas, hasta ahí podíamos llegar, pero evidentemente como estado democrático y de derecho, debería asumir sin más demora la reparación moral a todas las víctimas y sus familias.
Avances ha habido, esto es evidente. La aprobación en 2007 de la Ley de Memoria Histórica, hoy pendiente de actualización, la publicación del listado de los 4.427 españoles muertos en los campos de concentración nazis de Mauthausen y Gusen, tres eran de Buñol, o la reciente exhumación del dictador enterrado con honores en un mausoleo público junto a miles de sus propias víctimas, así lo certifican. Ahora bien, España continúa siendo el segundo país del mundo con más desaparecidos a causa de la guerra y la dictadura con una estimación de más de 100.000 personas repartidas en fosas comunes y cunetas. En este sentido, el caso de Paterna podríamos decir que es paradigmático. Allí, en lo que hoy se conoce como el «Paredón de España», fueron fusiladas 2.238 personas entre 1939 y1956, y posteriormente arrojadas a fosas comunes en el cementerio de ese mismo municipio, albergando la segunda fosa común más grande de España, tan sólo por detrás del cementerio del Este de Madrid. Hombres y mujeres cuyo único delito fue defender, tras el golpe de estado fascista de 1936, el régimen existente de derechos y libertades que emanaban de la Segunda República Española.
Todos ellos, los cuales en otros países, serían tratados por el estado como héroes por haber defendido la libertad y la democracia, (Alemania es un ejemplo de esto), aquí, en nuestro país, asistimos a una anomalía democrática que incluso el Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, publicó un demoledor informe sobre España en lo referente al incumplimiento de las recomendaciones que este mismo grupo hizo al Gobierno español en 2014. Un severo toque de atención hacia el Estado español por no haber abordado de forma efectiva la búsqueda de estas víctimas y la reparación moral a sus familias. Y es en este apartado donde está la clave.
Primero fueron las asociaciones por la recuperación de la memoria histórica las que comenzaron con aportaciones voluntarias y fondos privados a exhumar fosas para poder identificar cadáveres y devolvérselos a sus familiares para que pudieran recibir una sepultura digna. Trabajos altamente costosos y de un farragoso procedimiento burocrático, algo que no merecen quienes llevan esperando en algunos casos más de 80 años para conocer el paradero de sus seres queridos. Después desde algunas instituciones, se habilitaron líneas de financiación para costear estos trabajos, lo que fue y es un avance importante. Pero no nos equivoquemos. De lo que se trata, y por lo que podríamos empezar a hablar de cerrar heridas, además de con la anomalía democrática, (otros dicen que son abrir heridas del pasado), sería que el estado asumiese la responsabilidad civil subsidiaria y actuase de oficio en la búsqueda de todos los desaparecidos como consecuencia de la dictadura y la Guerra Civil. El estado debe asumir todos estos trabajos bajo los criterios de verdad, justicia y reparación.
La ley de Amnistía de 1978, que obviamente fue defendida por la izquierda en su conjunto, pues eran miles de personas, sindicalistas, militantes de organizaciones de izquierdas, etcétera los que estaban en la cárcel o en el exilio, razón más que suficiente para pedir su amnistía, otros la utilizaron a su antojo para hacer borrón y cuenta nueva, es decir, en la práctica supuso una amnesia colectiva y la impunidad de los responsables de los crímenes cometidos por el régimen de Franco. Torturadores, represores y justicieros pasaron (o continuaron) en virtud de esta ley, a las instituciones democráticas que entonces nacían, como demócratas de toda la vida. También la utilización torticera de esta ley por parte de las fuerzas de la derecha que se negaban, (y se niegan), a hacer una revisión a fondo de lo que ocurrió, constituyó un fenómeno novedoso respeto de los procesos de transición o revisión de los regímenes fascistas y nazis que se dieron tanto en Italia como en Alemania, es decir, se podía ser demócrata sin ser antifascista , una cuestión que también forma parte de esta anomalía además de una contradicción. Por todo eso me refería anteriormente a una desmemoria intencionada.
Dicho todo lo anterior, cierto es que en Buñol, con una mayoritaria tradición republicana e historia colectiva de lucha por las libertades y contra el fascismo representada por la obra noble y generosa de muchas generaciones de hombres y mujeres que pagaron incluso el elevado coste de muchas vidas de sus mejores hijos, siempre ha sido ejemplo de numerosas iniciativas encaminadas a reivindicar el legado de todas las personas que con su esfuerzo y valentía contribuyeron a la construcción de una sociedad nueva. A través, en ocasiones de la creación de asociaciones encaminadas a este fin, otras con la realización de exposiciones o la edición de publicaciones y libros. Sin ir más lejos, durante la anterior legislatura, desde el propio ayuntamiento de Buñol se llevaron a cabo diferentes iniciativas y se participó de otras en relación con la memoria histórica y democrática. La realización de la exposición Buñol Rojo, inaugurada en Buñol y posteriormente expuesta en la facultad de Geografía e Historia de la Universitat de València, la realización de un acto-homenaje a las personas de Buñol fallecidas como consecuencia de la Guerra Civil con la colocación de una placa con sus nombres en la parte civil del cementerio municipal, así como la participación del Ayuntamiento en la visita a los campos de concentración nazis de Mauthausen junto a un grupo de alumnos y alumnas del IES La Hoya de Buñol, son algunos ejemplos del interés que en Buñol siempre hemos mostrado en relación con la recuperación de la memoria.
En este sentido, soy consciente de que desde el Ayuntamiento de Buñol la gestión y resolución de los problemas cotidianos de la ciudadanía ocupa una de nuestras tareas más importantes y acuciantes. Pero no por eso debemos de aparcar de nuestra agenda cuestiones tan importantes como las iniciativas en favor de la recuperación de la memoria histórica y democrática. Es más, es perfectamente compatible.
¿Cabe hoy recordar y rendir homenaje a los actos, los hechos y a los antifascistas que dieron incluso sus propias vidas por la libertad y la democracia? La respuesta es rotunda: sí.
A tenor de este principio, y en mi opinión, Buñol merece contar con una concejalía de Memoria Histórica y Democrática con entidad y presupuesto suficiente dedicada a coordinar e impulsar políticas de divulgación, concienciación y reparación de lo que ocurrió, cuales fueron sus causas y consecuencias. No desde una visión nostálgica de que todo tiempo pasado fue mejor, sino desde la convicción política de que las iniciativas memorialistas deben formar parte de las políticas públicas, como la mejor garantía de contribuir a conseguir sociedades plenamente democráticas. Huyamos de cierto relato equidistante y falaz , el cual defiende que la Guerra Civil fue la consecuencia de un enfrentamiento fratricida entre hermanos y llamemos a las cosa por su nombre, en honor a la verdad. Trabajemos bajo los criterios de verdad, justicia y reparación. Pongamos en valor que si hoy disfrutamos de un régimen de libertades y derechos es fruto del trabajo y sacrificio colectivo de muchas generaciones de personas que dieron lo mejor de si mismos por tener una sociedad mejor.

(*) Carles Xerri López es concejal del Ayuntamiento de Buñol.

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