«El pueblo salva al pueblo»: la solidaridad se impone al caos

REPORTAJE: TESTIMONIOS DE LA TRAGEDIA

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Una semana después, la sensación de abandono, de impotencia y de desamparo todavía sigue presente entre la ciudadanía de los pueblos afectados por la mayor catástrofe natural de nuestra historia reciente.

Miles de voluntarias y voluntarios, la mayoría de ellos jóvenes, se han volcado en la ayuda a los damnificados y en las tareas urgentes de limpieza y retirada del fango y de las toneladas de escombros.

La solidaridad y la ayuda entre los ciudadanos ha sustituido, desde el primer día, al auxilio institucional de las Administraciones superiores.

Este martes se cumplen siete días de la mayor tragedia de la historia reciente de nuestro país y, se pregunte al afectado o damnificado que se pregunte, todos coinciden en una respuesta: «el pueblo ha salvado al pueblo».

La sensación de abandono, de que el Estado de nuestro país se ha olvidado de ellos, es algo patente y compartido por la inmensa mayoría de los afectados en muchas de las localidades que han sufrido mayor número de víctimas mortales así como incalculables daños materiales que han convertido sus pueblos, polígonos industriales y términos municipales en un escenario de guerra; un paisaje dantesco y totalmente dramático para quienes lo han padecido en primera persona.

Un sentimiento de impotencia y de abandono que con el paso de los días se ha tornado en desesperación, indignación e incluso rabia hacia unas instituciones «que no han estado a la altura», como se han quejado amargamente muchos de los vecinos con los que ha podido hablar tucomarca.com.

Como Mari Carmen Morell, que echaba de menos «una coordinación, porque en Cheste, por ejemplo, no tienen de nada; y aquí en Chiva nos están trayendo de todo. Y hay demasiado gente que quiere pero no sabe dónde puede ayudar».

Mari Carmen Morell.

No obstante, Mari Carmen no dejaba de reconocer que había «mucho desastre, en muchos pueblos y es muy complicado coordinarlo todo. Ayuda hemos tenido, no nos ha faltado agua ni comida, pero de los pueblos de al lado, que han venido a ayudarnos».

«Y también desde nuestro Ayuntamiento nos han puesto cubas y por eso el agua no nos ha faltado, además de preocuparse por si nos faltaba comida», explicaba Mari Carmen.

Con todo, César, una de las personas que cinco días después del desastre no había parado de limpiar, reconocía que desde el martes «hemos estado nosotros, el pueblo, solos hasta el domingo en el que han aparecido los militares. Hemos estado el pueblo, junto a vecinos de otros pueblos que como voluntarios han venido a ayudarnos y a quienes se lo agradecemos muchísimo».

Utiel, la primera población en ser golpeada por la DANA en el interior

A diferencia de Chiva, la situación de desamparo quizás no ha sido tan acentuada en Utiel, cuyo término fue uno de los primeros en verse azotado por la enormidad de la tragedia ya incluso durante la mañana y especialmente al mediodía del fatídico martes pasado.

Como explicó su alcalde, Ricardo Gabaldón, «Utiel ha sido el primer Ayuntamiento en solicitar la inmediata ayuda de la Unidad Militar de Emergencias, la UME, para auxiliar a la población debido a las intensas lluvias que estábamos registrando por la DANA, siendo la barriada de La Fuente una de las zonas más afectadas. Las calles de esta barriada se transformaron en auténticos ríos, dejando a decenas de vecinos atrapados en sus hogares».

La UME actuó ya el martes por la tarde en Utiel.

Los servicios de emergencia, a pesar de las dificultades para atravesar la A3 que ya por la mañana empezaba a sufrir cortes por inundaciones, pudieron realizar varios rescates y brindar apoyo a los residentes, mientras las autoridades locales monitoreban de cerca la situación para gestionar la evacuación y garantizar la seguridad de los afectados.

Los militares de la Unidad Militar de Emergencias (UME) pudieron actuar en La Fuente en Utiel, salvando así a numerosos vecinos.

Así, siete días después, «Utiel está recuperando poco a poco la normalidad aunque en esos barrios el agua no es apta para el consumo humano, además del barro, muchas viviendas tenían depósitos de gasoil y se han mezclado, hay luz pero no hay conexión a internet», como ha explicado su alcalde.

Porque aquí «los utielanos y utielanas sacaron su maquinaria pesada a la calle, han arriesgado su vida y su patrimonio y gracias en un primer momento a esta gente pudimos rehacer poco a poco nuestro pueblo. Desde el primer momento se pidió la ayuda a la UME y gracias a la consellera de Justicia e Interior y a la delegada del Gobierno, nos la autorizaron, igual que el helicóptero, pero la UME no pudo entrar a Utiel hasta las siete o las ocho de la tarde y el helicóptero por las inclemencias del tiempo, tampoco lo dejaban salir. Al final el helicópetro pudo entrar y salvó 8 vidas», como ha relatado Ricardo Gabaldón. Aunque, por desgracia, siete convecinos no pudieron ser auxiliados y han perdido la vida.

Utiel y Chiva, las ‘zonas cero’ del interior valenciano

A diferencia de Utiel, Chiva sufrió el corte prácticamente total de sus accesos por carreteras durante las primeras horas; limitándose el acceso al casco urbano tan sólo a pie. Una situación que no mejoró hasta más de 24 horas después del desastre.

Esta situación ha sometido a un aislamiento a la población, que sumado a la tardanza en la llegada de medios de auxilio de Administraciones superiores, ha acentuado la sensación de abandono hacia los vecinos afectados.

Pasadas las cinco de la tarde del pasado martes y con la riada anegando no sólo el barranco sino también las calles aledañas, la alcaldesa de Chiva, Amparo Fort, adelantaba que se estaba «a la espera de poder recibir la ayuda de la Unidad Militar de Emergencias, que ni siquiera puede acceder al pueblo de cómo están las carreteras».

«Además de la UME, también estamos a la espera de contar con ayuda del Consorcio Provincial de Bomberos», tal como relataba la munícipe minutos antes de que las comunicaciones telefónicas con el exterior desapareciesen y no volviesen a retomarse con normalidad hasta varios días después.  

La propia alcaldesa relataba con pesar que la «calle y el barranco eran todo uno, está lloviendo una barbaridad; y no descartamos que haya personas que puedan haber desaparecido». Una circunstancia que posteriormente se ha confirmado, junto a los siete vecinos fallecidos que oficialmente contabiliza la localidad hasta la fecha.

La ayuda ciudadana desborda Chiva

«Por favor, que no nos traigan más alimentos ni más mantas, que estamos abastecidos», rogaba la alcaldesa de Chiva mientras agradecía a todos las donaciones ya el mismo jueves, cuando eran toneladas de comestibles y de agua las que se recibían desde pueblos vecinos de particulares y Ayuntamientos, como el de Buñol que fletó varios camiones.

Y es que las solidaridad de la ciudadanía ha sido ejemplar porque en todos los pueblos se han realizado donaciones que han sido coordinadas en algunos casos por los propios Ayuntamientos, como en el de Buñol, que ya el mismo jueves por la mañana envió tres camiones de alimentos y agua a Chiva que fueron recogidos por voluntarios en el antiguo instituto.

Cristina Sánchez lamenta «el desorden que ha sido enorme».

No obstante, Cristina Sánchez lamentaba «el desorden, que ha sido enorme; nos hemos organizado entre los voluntarios lo mejor que hemos podido».

Cristina, ante un puesto improvisado de reparto de alimentos y agua explicaba que iniciaron su tarea «el primer día, el miércoles, con donaciones como la de la Falla de Patraix y de gente de Vilamarxant, de La Pobla, de Buñol, de Cheste que nos trajeron alimentos, productos de primera necesidad y elegimos este punto porque es uno de los barrios más afectados y está incomunicado por el socavón de la calle Ramón y Cajal con personas mayores y con un enorme bloque de viviendas todas desalojadas por amenaza de derrumbe».

«Nos vamos haciendo cargo de todo lo que va donando la gente y, con furgonetas y transportes privados, estamos llevando comida a casas que están en diseminados y lo estamos haciendo de manera espontánea y sobre la marcha. Y es que desde el día siguiente de la catástrofe hemos empezado a recibir donaciones. La gente es solidaria. Y los jóvenes han sido los primeros que se han echado a la calle a ayudar», resumía Cristina con orgullo.

Ropa llegada hasta desde Castellón

«Nos han traído ropa hasta desde Castellón, de gente que ha recogida prendas para quien le haga falta», explicaba Amparo, una vecina de Chiva que junto a sus familiares y amigos ha recogido ropa para los damnificados, mientras ayudaba a transportar las cajas hasta una furgoneta para repartirla entre sus vecinos, algunos de los cuales han perdido sus viviendas, sus vehículos o sus muebles y electrodomésticos, arrasados por la riada.

Raúl García cargando ropa para repartirla.

Vecinos que se quedaban sin luz ni agua ni comunicaciones el martes por la tarde y algunos no la recuperaban hasta tres días después.

Una circunstancia que no ha echado para atrás a ninguno de ellos, ya que se han volcado «en recorrer el término municipal, lleno de casas en diseminados, para intentar localizar a las personas de las que desde hace días no se tenía noticias por ser prácticamente imposible acceder hasta sus domicilios debido a que muchos caminos o están cortados o están impracticables», como explicaba Raúl García mientras ayudaba a cargar ropa, alimentos y agua para llevárselos a sus convecinos.

Voluntarios: jóvenes, agricultores, médicos…

El voluntariado ha alcanzado hasta al sector médico: «nos hemos organizado los sanitarios, enfermeros y médicos, porque aquí no hay organización, y hemos decidido venir a recorrer las calles», algo que están haciendo desde el sábado, cuando empezaron a atender a los vecinos.

«Afortunadamente, la gente que nos dice que están bien, que tienen suministros de sobra», tal como un grupo de médicos y enfermeros de varios hospitales explicaban mientras iban casa por casa preguntando a los vecinos por su estado de salud o sus necesidades médicas.

Guadalupe Martínez: «Esto saca lo mejor y lo peor de la gente».

Porque esta situación «está sacando lo mejor y lo peor de la gente. Tenemos gente que se ha quedado sin nada y llora cuando le damos un paquete de alimento; y están los que se están aprovechando de las desgracias de la gente para entrar en las casas, realizar pillaje y llevárselo todo». Como cuenta Guadalupe Martínez, una de las vecinas que reparte alimentos y agua entre sus convecinos.

«Lo mejor es la cantidad de gente que ha venido a ayudar, la cantidad de voluntarios y mucha gente joven. Para que digan que luego la juventud no está comprometida, no es cierto, estamos emocionados de ver a tanta gente joven ayudando», asegura esperanzada Guadalupe Martínez, quien reclama «más vigilancia» para combatir el pillaje, «aunque es complicado porque somos muchas poblaciones que atender y este pueblo tiene muchos diseminados, tenemos muchas urbanizaciones y la Policía tiene que acudir a todo. Necesitamos ayuda gubernamental».

«A nivel municipal están todos los partidos arrimando el hombro y dejando sus diferencias políticas al margen aunque sí se echa en falta un punto más organizativo, más coordinación. Hay trabajadores del Ayuntamiento que lo están dando todo, están desbordados, igual que todo el mundo», reconocía Guadalupe.

Decenas de vecinos desalojados

Los desalojos en viviendas de muchos municipios se han producido incluso durante el mismo momento de la crecida, como en Utiel, y en Chiva también se han llevado a cabo motivados por el riesgo de derrumbe de viviendas e incluso bloques enteros de viviendas, como el caso del Barrio de Bechinos o la calle Ramón y Cajal, donde ha sido desalojado todo un bloque de viviendas.

María Ángeles fue desalojada la noche de la catástrofe.

Y es que en pueblos tan dañados en sus infraestructuras municipales y personales como Chiva la cifra de desalojados se eleva, una semana después, hasta las 130 familias.

María Ángeles Bellido es una de las personas desalojadas con su familia, y relata con tristeza «que únicamente nos han ayudado los municipales y los guardia civiles del pueblo; nadie de fuera. Los únicos que nos han ayudado de fuera han sido los vecinos de pueblos vecinos, en cuanto han podido llegar por caminos secundarios, que nos han traído de todo: comida y ropa. Si no hubiera sido por ellos, hemos estados desamparados de la mano de Dios. Ayudándonos unos a otros, compartiendo lo poco que nos ha quedado. El pueblo ha ayudado al pueblo».

«Y lo peor es que nos están robando en nuestras casas, que están desalojadas. Hemos tenido que hacer patrullas ciudadanas para evitar que nos roben», relata con amargura María Ángeles.

Manolo ha alabado la ayuda de los voluntario.

«Y es que la ayuda de la Administración, realmente, la empezamos a recibir el sábado, cuando empezamos a ver uniformes», relataba Manolo Cabero, recordando con orgullo «que lo mejor ha sido la ayuda de voluntarios, mogollón de gente joven que ha venido a ayudar a limpiar estos días».

«Hemos pasado miedo, ha sido una experiencia horrible. Si físicamente estamos mal, psicológicamente estamos destrozados», como recordaba Manolo.

Pilar Sánchez ante su domicilio.

«A las dos de la mañana nos desalojaron. Yo veía que el barranco se estaba desbordando, porque mi casa da atrás también. Los coches los veía bajar para abajo y era una locura, un infierno», relataba Pilar Sánchez recordando la experiencia vivida hace ahora exactamente siete días.

«No ha quedado nada, mis sobrino tenía abajo todos los equipos del gimnasio, un montón de aparatos, la camilla de fisio… y no ha quedado nada. Ha perdido todos sus aparatos valorados en un montón de dinero. Mi sobrina también, está estudiando diseño de moda y tenía sus vestidos porque iba a hacer un desfile de modelos y los estaba confeccionando. Y también lo ha perdido todo. Los bajos de comercios de la zona ya no existen», relataba Pilar con tristeza, quien también se quejaba del pillaje: «estamos sufriendo pillaje de lo poco que nos ha quedado, estamos asomándonos de vez en cuando para ver, porque hay gente que está controlando los bajos destrozados».

Laura Sánchez.

En el punto opuesto al del pillaje, Laura y Natalia se retiraban agotadas de los barrios más afectados después de varios días retirando fango y escombros. «Nos hemos volcado desde el primer momento; llevamos cinco días sin descansar y ayudando en todo lo que hemos podido», explicaba Laura Sánchez, una de las cientos de jóvenes que se han volcado en las tareas de limpieza y de socorro a los afectados.

«Porque esto ha sido terrorífico, tengo familiares a las que les llegó un metro ochenta de agua en casa y luego ha habido que limpiar todo eso; vamos de zona en zona ayudando en lo que podemos».

Natalia Martí.

«Todo el pueblo se ha volcado y muchísimas gracias porque han sido miles de personas las que han venido a ayudarnos», aunque también reconoce que han «echado en falta que todo lo hemos tenido que hacer nosotros, sin ayuda de fuera».

«Somos un pueblo agrícola, hemos sacado los tractores y con ellos se ha contribuido a una limpieza rápida del pueblo», recalca con orgullo Natalia Martí.

«Por no hablar del drama de los desaparecidos y fallecidos», aunque recuerda emocionada que, a pesar de todas las dificultades e impedimentos, «no hemos necesitado a ninguna autoridad; el pueblo ha salvado al pueblo».

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