Entrevista. Delmundo Milà: “La única voz de esperanza y de denuncia hoy en día, no emputecida y no comprada; es la de la poesía”

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El segundo libro del polifacético escritor y guionista buñolense Delmundo Milà acaba de ver la luz con el título de “Viaje a los confines de la nada”; un trabajo poético retrospectivo, en formato de cuaderno de viajes, fruto de la visita que el autor hizo a la isla de La Palma y que nace al amparo de la nueva editorial que el propio autor impulsa junto a Domingo Martínez. Una doble presentación en público programada para el próximo viernes, 1 de diciembre, a las 19,00 horas en la biblioteca municipal de Buñol.

— Delmundo, el próximo viernes, 1 de diciembre, presentas una nueva editorial.

— Sí, el proyecto editorial es uno los fines del acto que presentamos este próximo viernes, 1 de diciembre, en la biblioteca municipal de Buñol. Un parto múltiple de hijo e hija, libro y editorial, propuesta literaria y asociativa. Una propuesta que viene con un pan debajo del brazo. Son esas cosas del comer que van a ser tan necesarias en “La poesía es nutritiva”. La letra con poesía entra.

— ¿Cómo surge la idea de crear una editorial?

— La editorial es el esfuerzo que llevamos arrastrando desde el año 2008 cuando emprendimos La Kooperativa. Su embrión, sin embargo, estuvo en la Sala La Navetta ya en el milenio pasado —sonríe— y “cumpliría» este año su 25 aniversario de apertura. Después vino “la Kooperativa” que mantuvo dos sedes abiertas: una de ellas en el edificio de La Cooperativa Titánic, tan emblemática y que por cierto recoge Manuel del Álamo en su libro sobre el obrerismo en La Hoya; y la otra sede estuvo en la Plaza del Pueblo de Buñol, junto a la iglesia. La iniciativa, por tanto, tuvo un alumbramiento muy pausado y acabó de materializarse con el nombre de Colección de Literatura Kooperativa. Se publicaron dos libros.

— Y también presentas nuevo libro.

— Sí, el libro que se presenta es mi segunda obra publicada, “Viaje a los confines de la nada”; y aunque ve la luz este año, es un libro retrospectivo que empieza con un viaje iniciático a la isla de La Palma, antes de la erupción del volcán Teneguía. Un viaje sin duda premonitorio que acabó “eruptando” todos aquellos susurros que me lanzaba la isla. Es curioso pero el ambiente ya olía a confines de la nada. Tengo un cariño muy especial por esa isla.

— Pero es un libro de poesía, ¿no?

— Vaya, sí, sí, es un libro de poesía, aunque intento retorcer las formas para convertirlo en un cuaderno de bitácora, un relato de viajes con la pasión y el sentimiento del lenguaje poético. No deja de ser poesía en sus formas más convencionales con un trasfondo de relato, atemporal e impreciso como el lenguaje poético lo es. Me gusta romper los géneros y llevarlos al límite de sus posibilidades. La poesía de viajes no es nueva, prácticamente toda la literatura desde sus inicios ha bebido de la idea de viaje. La vida en sí es un viaje. Desde el poema de Gilgamesh hasta las crónicas de Alejandro Magno o la misma Biblia. Realmente toda literatura es un viaje, en el espacio y en el tiempo. El arte de escribir es hacer sentir en el lector, en la otra persona, sensaciones. Entre todas creamos un relato que tendrá la verosimilitud compartida que queramos. El autor, la criatura, la comadrona y las “otras” que lo aceptarán en un consciente colectivo o simplemente lo ignorarán.

— ¿La poesía de viajes se puede decir que es lo que inspira cada viaje a nivel poético?

— Efectivamente, pero éste además es un triple viaje, como una triple pirueta al vacío. Quería hacerlo en poesía y sinceramente creo que ha salido un “niño” con un relato muy fresco. Una manera de acercarse al lenguaje poético. Está estructurado en tres partes: una es el viaje en sí, la parte más reconocible en la que transcurre, huella a huella, mi peripecia vital. La otra es ese viaje a ninguna parte, al vacío si quieres, existencial, de la propia vida que vamos delimitando en las relaciones con las otras viajeras. Náufragos también asustados. Su epílogo será el viaje distópico de “Los pueblos del agua”.

— ¿Un viaje en el tiempo?

— Es un viaje interno que relato desde los 15 años hasta la muerte de mi padre. Tengo 56 años en ese momento. Digo que el libro es un triple viaje porque no sólo discurre en una dimensión espacio-temporal, se adentra en los corredores de la vida misma, en los surcos que vamos labrando y las cicatrices que acumulamos.

— ¿Los pueblos del agua?

—  Quería experimentar con las antiguas epopeyas. No es un héroe épico, a la manera del Cantar de Gestas, que libera a un pueblo, elegido o encontrado por el camino y que a la postre ha sido el germen del relato de todos los pueblos. Vamos a encontrar una versión actualizada que tiene que ver más con una distopía postmoderna muy actual escasez y ausencias que nos está llevando al colapso generalizado, incluida la propia humanidad. Los pueblos del agua no fundan, liberan.

— Estamos ante un libro de 80 páginas además con una portada muy especial.

— Sí, porque la portada está diseñada por Ana Criado Zahonero, Ana Cezeta. Una de las diseñadoras de arte más reconocidas a nivel mundial. Baste decir que es una de las 48 personas que componen la Academia de las Artes y las Ciencias de la Televisión en Estados Unidos. Estuvo nominada a los EMMY por los títulos de crédito de Star Trek y suyos son trabajos como Godzilla, American Horror Story, Star Trek Picard… En fin, un lujo que le agradezco muchísimo a esta persona tan cercana e inteligente que hace sencillo lo complejo. Además, es de Buñol como ya sabéis. 

— Un libro de poesía que tiene también una parte de prosa, ¿no?

— Soy poco ortodoxo en mi estilo. Mi poesía a veces cae en la prosa poética. Aunque no es mi forma de expresión más habitual. Utilizo recursos ya experimentados en antiguas crónicas de navegación. Me gusta mucho la expedición de Magallanes y Elcano. Son notas y apuntes del viaje. Mi sensación es que la poesía se lee poco porque la gente no la entiende, así que aprovecho ese espacio para hacer un recopilatorio de las situaciones que han propiciado este viaje.

— ¿Es una especie de explicación de los poemas?

— Sería una especie de explicación, pero no tiene sólo un sentido aclaratorio. Son un camino de migas para recoger por quienes se aventuren en el viaje.

— ¿Realmente la poesía se lee poco?

— Las editoriales lo primero que te dicen es que no publican poesía. Nosotros vamos a intentar que los libros autoeditados no acaben en una esquina de las librerías alimentando el olvido.

— Volviendo al libro, sin ser una biografía creo que hay mucha experiencia vital del autor en este libro, ¿me equivoco?

— Es toda una experiencia vital. Hay un diálogo entre generaciones y con uno mismo. Entre la memoria y el olvido, entre el deseo y la realidad a la manera de Cernuda, uno de mis referentes poéticos. De qué podemos hablar sino hablamos de nuestra condición humana, de los temas que importan de verdad, de la vida y la muerte, del sentido de la existencia, de quiénes somos, del amor, de las pasiones. 

— Bueno, creo que dependerá de la persona, ¿no?

— Claro que sí. Cada una construye su relato que le sirve para estar aquí, para relacionarse. Sin embargo, cuando intentas comunicar algo esencial, te das cuenta que hay una serie de temas universales generalizables a todas, todas bebemos de la misma fuente y llegamos a la misma playa. Intento alejarme de los mensajes interesados.

— ¿Por qué lo dices?

— Lo digo por toda la narrativa mediocre. Por el show televisivo que la alimenta. Si no sales en televisión o no cuentas los pelos del culo que tenía el autor cuando lo escribió, parece que no tiene ningún sentido… Es la realidad que hemos construido. Una complejidad que cada vez más necesita de relatos interesados y nos aparta de lo esencial. Un colapso civilizatorio en esta realidad distópica en la que nada adquiere valor. Todo es efímero. De usar y tirar.

— ¿Hemos colapsado?

— Hemos colapsado ya.   

— ¿Esto tiene solución?

— Creo que sí, no podemos caer en la derrota. En el libro hablo de “Los pueblos del agua” verdaderos portadores de la palabra. Una palabra silenciada en una extraña epidemia de silencio. Quien tiene esperanza es consciente de que vivimos en un presente jodido, cuanto menos, pero alberga la voluntad de creer en su propio grito cuando sabe que todo es absurdo. Hay que levantar la piedra cada día aun sabiendo que cuando se llega a la cima volverá a caer de nuevo.

— ¿Hay motivos para seguir creyendo en la Humanidad?

—  Soy un humanista, un vitalista que no quiere justificar su vida con su muerte. Sigo creyendo que somos seres asustados desde el mismo momento que adquirimos conciencia de la necesidad de los otros. La falta del otro es lo que nos da miedo. Como dice Eudald Carbonell, uno de los codirectores de Atapuerca, necesitamos construir un sentimiento de especie. Cada vez me interesa menos el progreso tecnológico de unos pocos individuos, aborrezco el ego y creo que el camino al que nos está llevando el sueño desquiciado de ese ego, es precisamente a un futuro no ya distópico, sino sin solución de continuidad posible. 

— ¿Crees que al menos nuestros políticos piensan como especie?

— Yo de los políticos hace tiempo que no espero absolutamente nada. Si quienes nos gobiernan son incapaces de cooperar entre ellos no espero que lo hagan con el resto de la ciudadanía. 

— Volviendo a la editorial, ¿podemos resumir sus principales características?

— Bueno, queremos que se nos lea. Yo escribo para que se me lea, no para dejar el libro en una estantería. La editorial se llama “La poesía es nutritiva”, tratamos de las cosas del comer en su sentido más metafórico. No creo que acabemos comiéndonos nuestras propias palabras, eso sería canibalismo léxico y no está bien visto. De hecho nadie se come sus palabras, los políticos no lo hacen, los reyes tampoco, ellos dicen: “no lo volveré a hacer”, pero no se comen sus palabras.

— Y casi ya para finalizar, aquellas personas que piensan que la poesía no es para ellos, ¿cómo les convencerías para que se acercaran a ella?

— Acercarse a la poesía es recrear una realidad en la que la palabra vuelva a adquirir su razón de ser. Tenemos que cuidar la palabra, atenderla, aprender a escuchar a las otras personas. También es necesario que te escuchen. La poesía, les diría, es el verdadero lenguaje de los sentimientos, las pasiones y la respuesta que le damos a todas las cosas cuando no tenemos para todo un sentido bien claro de lo que pasa. 

— Entonces, ¿el poeta no se hace, nace?

— El poeta nace, crece y se reproduce. La poesía es el germen de la fertilidad. Hemos perdido capacidad reproductora porque hemos perdido la palabra oportuna. La poesía se trasmite por vía oral, como lo hizo en un principio el canto, el ritmo o la danza. Lo que pasa es que luego se va curtiendo. Y lo mismo le pasa al novelista, al dramaturgo o a cualquier otro tipo de narrador. Todo eso hasta llegar al capitalismo. Este sistema económico necesitó de palabras para subsistir y en vez de escuchar al otro lo que hizo fue comprar su voluntad. Cambió el relato y nos intentó convencer de que la publicidad era la nueva poesía. Ahora necesitamos denunciar esta corrupción poética con una voz clara de esperanza y denuncia, lejos de un relato emputecido de consumo. La única voz de esperanza y de denuncia hoy en día, no emputecida y no comprada; es la de la poesía.

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