«No podía quedarme callado sabiendo que otros niños estaban en peligro»

Post també disponible en: Valencià

La víctima del pederasta de Buñol, que sufrió una agresión sexual con 8 años, ha decidido alzar la voz tras 14 años de silencio: «Ha estado durante estos años en contacto con muchos menores».

Como publicó esta semana tucomarca.com, un joven del municipio de Buñol ha sido condenado a cuatro años de internamiento por agredir sexualmente a un menor de 8 años. Unos hechos que ocurrieron en 2010 y que la víctima denunció cuando conoció que «se habían oído quejas de algunas niñas». Ahora busca «apoyar a otras víctimas para que se atrevan a alzar la voz y avisar a los padres del peligro al que han estado expuestos sus hijos e hijas».

— PREGUNTA: Han pasado 14 años desde que sufriste la agresión hasta que has sido capaz de denunciar, ¿cómo describirías el peso de cargar con esto durante tanto tiempo?

RESPUESTA: Es como llevar una mochila llena de piedras que se hace más pesada cada año. Sentía culpa, vergüenza por creer que yo había hecho algo malo, soledad porque nadie sabía la verdad… y mucho miedo. Miedo a que, si hablaba, lo único que conseguiría sería crear más problemas. Pero cuando supe que mi agresor estaba en contacto con menores, y se habían recibido quejas de algunas niñas, entendí que mi silencio ya no era mío: era un arma que él usaba para seguir dañando. Si yo no hablaba, ¿quién lo haría? Era mi responsabilidad evitar que otros menores sufrieran lo que yo he sufrido. No podía quedarme callado sabiendo que otros niños estaban en peligro.

— Entonces, ¿denunciaste al conocer que podría haber más víctimas?

— Sí. La última vez que vi a mi agresor fue con 14 años, en 2016. En el colegio concertado al que acudía se organizó una actividad por Fallas. Él apareció para “colaborar” en el evento. Recuerdo perfectamente la sensación de miedo, angustia y asco. Veía como no solo estaba en contacto con adolescentes, sino también con niños más pequeños. Esa misma tarde, le conté algo a una compañera, pero no me atreví a decir que era yo la víctima. Solo le advertí que él era peligroso. Fue la primera vez que rompí, aunque solo un poco, el silencio. Fue muy impactante encontrarme con mi agresor en un lugar en el que debía estar seguro, en el colegio. Él acudía todos los años con motivo del festival de Navidad, las Fallas o la ceremonia de final de curso. Nunca entendí por qué se le daba acceso libre al colegio a una persona que no trabajaba ahí. Tenía la esperanza de que lo que me sucedió fuera una tragedia puntual. Sin embargo, en 2023, cuando se comunicó al rector de mi antiguo colegio los hechos y se le pidió que se le prohibiera la entrada al centro, el sacerdote manifestó haber recibido “quejas” sobre el sujeto de unas niñas ajenas al colegio. Este hecho fue determinante para mí. Dejó de ser una cuestión personal, pasando a ser un peligro al que estaban sometidos otros menores y que no podía consentir. Mi agresor ha estado durante estos años en contacto con muchos menores. Mis peores temores se confirmaron tras denunciar. La investigación determinó que en el año 2014 se habían producido dos denuncias contra esta persona por haber mantenido conversaciones sexuales por Whatsapp con menores y por haber enviado fotografías de contenido sexual, por lo que la investigación concluyó que lo que me había pasado «no se trata de un hecho esporádico».

— ¿Qué le dirías a una persona que haya sufrido algún tipo de abuso y no sabe si denunciar?

— Entiendo perfectamente el miedo, la vergüenza y la confusión. Es normal sentir parálisis, como si hablar fuera más aterrador que guardar el secreto. Pero quiero que sepas algo: no estás solo, no estás sola. Lo que te pasó no fue tu culpa, ni entonces ni ahora. Denunciar no solo es un acto de valentía hacia ti mismo, sino también hacia otros que podrían estar en riesgo. Si el peso del silencio te ahoga, busca a alguien de confianza —un amigo, un familiar, un profesional— y empieza por contarle, aunque sea una parte. No tienes que hacerlo todo de golpe. Cada palabra que sueltas es una piedra menos en esa mochila invisible que cargas. Y si decides denunciar, aunque sea años después, estás liberándote de lo que tu agresor te impuso. Ten en cuenta que tu voz puede ser el escudo que proteja a otros. También es importante recordar que sanar no tiene un plazo fijo. A veces, solo con decir en voz alta «esto me pasó» ya es un primer paso para quitarte la opresión que el secreto y agresor ejercía o ejerció sobre ti. No importa cuánto tiempo haya pasado: tu dolor merece ser escuchado, y la verdad, reconocida.

— ¿Qué mensaje darías a los padres y madres para que estén alerta y protejan a sus hijos?

— A los padres y madres les recomendaría: observad, escuchad y hablad. Los niños no siempre tienen las palabras para contar lo que les pasa, pero su comportamiento puede ser un signo silencioso de que algo no va bien. Si notas que tu hijo o hija está más retraído, tiene cambios de humor bruscos, evita ciertos lugares o personas, o muestra conductas regresivas, como miedos inexplicables o rechazo a actividades que antes disfrutaba, no lo pases por alto. Pregúntale con calma, sin presionar, y creedle si se abre. Prestad especial atención en entornos como piscinas, vestuarios públicos y actividades extraescolares. En mi caso, la agresión ocurrió en las duchas de la piscina municipal, aprovechando un momento de vulnerabilidad. No dejéis a los niños solos en estos espacios, acompañadles o aseguraos de que hay supervisión adulta de confianza. Si vuestro hijo tarda más de lo habitual al cambiarse o ducharse, comprobad que todo está bien. Los agresores buscan situaciones de aislamiento y aprovechan estos escenarios. Hablar es clave. Hablad con vuestros hijos sobre su cuerpo, sobre lo que es un contacto inapropiado, y asegurarles que pueden contaros cualquier cosa, sin juicios. Mi agresor se aprovechó del secreto y la vergüenza para asegurarse mi silencio. Romped ese círculo. El pederasta ha estado durante años en contacto con menores en el colegio concertado, la parroquia, el teatro, las fallas y un gimnasio del pueblo. Si vuestro hijo o hija ha frecuentado estos entornos, aunque ya sea mayor, tened una conversación con él o ella. Y si sospecháis algo, actuad: buscad ayuda profesional y denunciad. Vuestra atención puede proteger a vuestros hijos y también a otros niños.

— ¿Dónde se puede dirigir una persona que haya sido víctima de una agresión sexual?

— En Buñol, puedes ir o contactar con el cuartel de la Guardia Civil, llamando al teléfono 96 250 01 23. Si has sufrido o sospechas de un caso de agresión sexual, denuncia.

Mi banner

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*