Entrevista a Francisco Vallés: «En la DANA fue extraordinario todo: la magnitud de lo precipitado, el tiempo en el que lo hizo, la intensidad; el caudal que generó y los daños que ha provocado»

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A pocas semanas de cumplirse un año de la fatídica DANA que asoló buena parte de la provincia de Valencia, tucomarca.com ha entrevistado al doctor en ingeniería hidráulica, profesor en la Universitat Politècnica de València (UPV), director del laboratorio de hidráulica e investigador del Instituto de Ingeniería del Agua y Medio Ambiente (IIAMA) de la UPV, el buñolense Francisco Vallés, quien ha realizado un amplio análisis de las consecuencias que provocó este extraordinario fenómeno metereológico así como de las medidas que podrían evitarlas en un futuro.

¿Cuáles fueron las cuencas más afectadas durante el fenómeno de la DANA del 29 de octubre?

— El fenómeno afectó fundamentalmente a tres cuencas: la del Magro, la rambla del Poyo y la del Turia, a partir de Pedralba, la cuenca baja del Turia. La cuenca del Magro fue la que empezó con problemas en Utiel que luego se trasladaron hacia aguas abajo, a Forata. La del Poyo es la que más trascendencia ha tenido por el gran número de fallecidos; y luego está la del Turia que a nivel de inundación y desbordamiento ha dado menos problemas, sobre todo por el nuevo cauce del Turia, pero que también hay algún fallecido en ella.

— ¿A qué asistimos el día 29? ¿Qué pasó en esta área geográfica?

— Pues asistimos a una DANA de unas dimensiones descomunales, un fenómeno totalmente extraordinario con una con una recurrencia muy alta. Es decir, normalmente las obras de protección se suelen proyectar para periodos de retorno de 500 años, cuando hablamos de encauzamientos y de obras de este estilo. Y el evento ocurrido supera con creces ese umbral y estamos pensando en una recurrencia en todo caso superior a mil años, seguro. Por ejemplo, el caudal con el que estaban proyectadas las actuaciones fluviales en la rambla del Poyo, ese proyecto que ha sido tan traído últimamente, la adecuación de drenaje de la rambla del Poyo hasta la Albufera en Paiporta era de 1.500 metros cúbicos por segundo; y lo que estimamos que ha llegado allí en este episodio del 29 de octubre ha sido un caudal próximo a los 4.000.

— Cuando se habla de un fenómeno recurrente, ¿a qué se está refiriendo exactamente? 

— Hablamos de recurrencia, pero no es un sinónimo de que ocurre de manera frecuente, sino recurrencia en términos estadísticos se refiere a frecuencia. Pero no significa que se repita cada poco, sino que está ligado a la probabilidad de que eso ocurra. Y cuando hablamos de recurrencia de 500 años o periodo de retorno de 500 años, eso significa que ese caudal se verá superado una vez en media cada 500 años. No es que pase uno cada 500, eso no es así, porque puede que en mil años ocurra dos veces y las dos veces ocurra en los 100 primeros. De media ha pasado uno cada 500 pero han pasado muy seguidos. Es decir, que un caudal tenga un periodo de retorno 500 años significa que puede verse superado una vez en media cada 500 años. En el caso de la DANA, estamos pensando no en un periodo retorno de 500, sino en un periodo retorno superior a mil. Es decir, es un fenómeno que pasará de media, o que debiera de pasar de media, con los datos que tenemos hasta ahora, menos de una vez cada mil años. Es decir: es un fenómeno muy, muy extraordinario.

— Muchos medios de comunicación se han hecho eco de una herramienta que usted creó en su momento para poder localizar a las víctimas de la DANA. ¿En qué consiste esta herramienta?

— Sí, bueno, como sabes, vivo en Buñol, soy vecino de Buñol y aquí tuvimos el apagón. Yo, aunque iba siguiendo días antes y el mismo día 29 lo que estaba ocurriendo, como nos quedamos totalmente aislados, tanto físicamente por carretera como a nivel de comunicaciones, no fui consciente de la verdadera magnitud de lo ocurrido hasta que volvimos a recuperar las comunicaciones. En ese momento, jueves de esa semana ya que el 29 era martes, empecé a tomar contacto con la realidad y ver la barbaridad de lo ocurrido. Y al día siguiente, viernes, se publicó un número de desaparecidos brutal de miles. Entonces pensé: ¿qué puedo hacer yo; cómo puedo ayudar? En ese momento ya me había apuntado a una lista de ingenieros voluntarios del colegio y a otra de la Universidad, pero como estaba aislado físicamente, no podía salir de Buñol, se me ocurrió montar un modelo hidráulico de la zona de la inundación del barranco del Poyo, porque esos modelos hidráulicos son los que nosotros hacemos habitualmente cuando queremos diagnosticar la peligrosidad de inundación de una zona y a partir de ese diagnóstico luego proyectar actuaciones de disminución de la peligrosidad y del riesgo, tanto estructurales, de obras, como planes de emergencia o mapas de peligrosidad. Me planteé montar un modelo y que fuera calculando. Los resultados habituales del modelo son alturas de agua, velocidades, caudales, extensión de la mancha de inundación. Son modelos muy complicados con unas ecuaciones difíciles de resolver y para las que hay que utilizar métodos numéricos muy avanzados, el primer modelo por ejemplo estuvo 16 horas calculando. Pero lo lancé y dije: bueno luego interpreto esos resultados y veo qué puedo hacer. Y como me dedico a la hidráulica fluvial o hidráulica de ríos y cauces naturales, en la que trabajamos con temas de transporte de sedimentos, pues se me ocurrió trasladar un concepto de la mecánica del transporte de sedimentos al arrastre de vehículos y de personas. Se me ocurrió trabajar con la potencia hidráulica de la corriente como un indicador de su capacidad de arrastre y solapar esa capa de resultados de potencia hidráulica con las líneas de flujo, o sea, con las trayectorias que iba a recorrer el flujo pero ya desbordado el barranco. Lo que hice con el modelo fue seguir las grandes vías de flujo desbordado con energía o potencia suficiente como para poder arrastrar vehículos y personas y seguir esas corrientes desbordadas hasta que esa energía se disipaba. Y donde esa energía se disipaba era una potencial parcela de localización de desaparecidos. Cuando llegué a ese resultado marcaba que había tres grandes vías de flujos desbordados con potencia suficiente y sitios donde esa potencia se disipaba y lo puse en conocimiento de los cuerpos de emergencia. Me puse en contacto con la Confederación, les comenté lo que tenía, les mandé un pequeño vídeo por WhatsApp a un técnico conocido y de prestigio y éste se dio cuenta de que la cosa era muy interesante, lo puso en conocimiento de la presidencia de la Confederación. Ellos se lo contaron a Delegación de Gobierno y ese mismo miércoles llegó esto al Cecopi y al día siguiente ya estaba en manos de los cuerpos de emergencias.

— ¿La herramienta ha resultado útil?

— Sí, al principio tuve que explicar qué había hecho para que me dieran credibilidad. Conseguí hacer entender la herramienta y que era interesante y fiable. Luego la información tenía que ser lo más sencilla posible; y así lo hice, que no estuviera sujeta a interpretación y que fuera clara para que la orden a los cuerpos de emergencias fuera clara y meridiana. Lo que generaba era el perímetro de la posible parcela en un fichero de KMZ que enviaba vía WhatsApp y los cuerpos de emergencias sólo tenían que abrir ese fichero y les aparecía en Google Earth la parcela georreferenciada con la zona de búsqueda totalmente delimitada. Me consta que ha sido útil porque en seguida tuve mensajes en ese sentido, tanto de la UME como del cuerpo de bomberos. Estuve colaborando enviando parcelas a los cuerpos de emergencias durante un tiempo hasta que a mediados de noviembre se judicializó el proceso de búsqueda de desaparecidos y se cortó el flujo de información porque entendieron que no me podían dar ese tipo de información. Lo centraliza toda la Guardia Civil como cuerpo encargado de la búsqueda y se corta el flujo de información. Hay un momento en que estoy un poco desesperado porque entiendo que puedo seguir ayudando, todavía quedan muchos desaparecidos por encontrar y no estoy recibiendo feedback. Decido entonces ponerme en contacto con el gabinete de prensa de mi Universidad y emitimos una nota de prensa hablando del modelo hidráulico y de su capacidad como herramienta para ayudar a la localización de desaparecidos. A raíz de ahí se publica en un montón de medios y un capitán de la Guardia Civil lo lee y son ellos los que vienen a mí a la universidad. De nuevo, iniciamos un contacto y volvemos a colaborar en la en la búsqueda de desaparecidos.

— ¿Qué caudal discurrió por esas cuencas? Se ha hablado de que si tres o cuatro veces en algunos momentos del caudal que lleva el Ebro habitualmente.

— Sí, totalmente extraordinaria, sí. El caudal de diseño de las actuaciones previstas y no ejecutadas de la rambla del Poyo era el de 500 años de periodo de retorno y era un caudal de 1.500 metros cúbicos por segundo en la zona de Picaña-Paiporta. Porque de hecho una de las actuaciones previstas era un desvío, una vía verde, del Poyo al nuevo cauce del Turia. Esa vía verde tenía una capacidad de 700 y los 800 restantes hasta los 1.500 iban a la Albufera. Pues estimamos que lo que ha llegado ahí son unos 4.000. La estación de aforo de la CHJ de Riba-roja registró un máximo de 2.283 a las 18,55 horas.

— ¿Es el doble de lo que suele llevar el Ebro?

— La Confederación estima que el máximo ahí fue de 2.800, más lo que se le incorpora aguas abajo del barranco del Gallego, más el de l’Horteta, más cuando entramos a lo que denominamos zona cero y de ahí hacia aguas abajo; pues ahí a la entrada de esa zona estimamos ya en casi 4.000 el caudal. De manera que eso es más de dos veces y media ese caudal de periodo de retorno de 500 que se tenía establecido para para El Poyo ahí.

— Un caudal totalmente increíble, pero además con una velocidad del agua vertiginosa. ¿Porqué tuvo tanta velocidad porque me consta que esta también fue extraordinaria?

— Sí, sí fue extraordinario todo, todo. En el origen de todo está la DANA: la magnitud de lo precipitado, el tiempo en el que lo hace, o sea la intensidad; el caudal que genera y los daños que provoca, todo. En la confluencia de l’Horteta con el Poyo se han medido a posteriori por compañeros de la Escuela de Cartografía y Geodesia, por topógrafos, alturas de agua de 15,3 metros.

— ¿Quince metros de altura de agua?

— Sí, eso es un edificio de cinco plantas. En mi modelo hidráulico en la zona donde el Poyo cruza la A-3 se obtienen velocidades superiores a los 8 metros por segundo. Eso en kilómetros por hora son unos 30 kilómetros por hora. De manera que desde ahí hasta Picaña, que hay 17,5 kilómetros, en veintipocos minutos se plantaba la onda de la avenida. Una onda de la avenida que llega a tener calados de ese valor, de 15 metros. Es una absoluta barbaridad.

— ¿A qué se puede atribuir esa velocidad? ¿Los puentes contribuyeron a esa velocidad al convertirse en presas improvisadas que reventaron tras bloquearse por el estado de los cauces?

— No, cuando una infraestructura intercepta el flujo, lo que hace es retenerlo y remansar aguas arriba y hacer que los niveles sean más altos.

— ¿Pero si se rompe esa infraestructura no baja con más fuerza el agua?

— Sí, pero no ha sido el caso esta vez. Esa velocidad es debida básicamente al caudal que está pasando y a la pendiente del cauce. Son cauces de tipo torrencial. En estas cuencas mediterráneas pequeñas, en un clima como el que tenemos, la lluvia es de tipo torrencial; o sea, de intensidades muy altas. Las cuencas son pequeñas y con cauces de gran pendiente y eso hace que el agua que precipita y al final escurre viaje a velocidades muy altas. De hecho, este tipo de inundaciones en estas cuencas, en estos climas, las llamamos inundaciones relámpago. La velocidad está provocada por la gran pendiente del cauce y por el gran caudal que transporta.

— ¿Cree que el estado de los cauces, con muchas cañas y sin limpiar, contribuyó a esa velocidad del agua?

— El problema en este episodio y en esta zona no han sido las cañas, han sido los coches. Hemos visto cómo el agua se lleva pasarelas en Picaña o puentes casi como si fueran de juguete. Las cañas no han hecho ni cosquillas, por así decirlo. Esa gran tromba de agua, con esa enorme potencia hidráulica arranca las cañas y las transporta sin más. Las cañas no han sido un problema. Los problemas, repito, han sido los coches y los sedimentos, que sí han sido un problema a la hora, sobre todo del suceso y de la emergencia. Por eso con estos los lodos y todo esos sedimentos lo que hay que hacer es medidas de restauración hidrológica forestal en cabecera, que retengan la mayor parte del suelo posible a nivel de cuenca. Pero en lo que es el cauce, arrastre de transporte de sedimentos va a haber siempre, porque cuando ocurre algo así la fuerza con la que el agua discurre y, digamos, fricciona con los contornos, con el lecho y las márgenes, es muchas veces superior a la que el material natural puede aguantar. De manera que hay un transporte de sedimentos masivos. Eso es inevitable, eso no se puede limpiar. O sea, tú vas a quitar a lo mejor la capa superficial de gravas del lecho y se llevará la siguiente. Y en cuanto a la vegetación, esta es parte consustancial del río, es parte del sistema fluvial. Si hay algún tronco de algún árbol enorme cerca de un puente que lo pueda obstruir, a lo mejor ese tronco se puede quitar, pero limpiar un cauce no es dejarlo pelado. Si hay puntualmente algo que puede obstruir algún puente, pues se puede quitar, pero lo que hay que pensar es en hacer mejor los puentes para que ese tipo de vegetación de ribera no los obstruya porque el bosque de ribera, la vegetación de márgenes, es consustancial al sistema fluvial y tiene más beneficios que inconvenientes.

— Como ingeniero hidráulico especialista en ese campo, ¿cree que las infraestructuras que ahora mismo están creadas sobre el terreno, muchas de ellas desarrolladas en los últimos años, han contribuido a agravar los daños que ha producido la DANA? ¿Hubiese ocurrido lo mismo si no hubiesen estado ahí esas nuevas infraestructuras?

— La mayor parte de estas infraestructuras son obras de transporte…

— Sí, sí, me estoy refiriendo a carreteras o a las obras del AVE, fundamentalmente.

— Bueno, el efecto particular de cada una de estas infraestructuras en la zona de inundación de la rambla del Poyo, donde tenemos la A-7, el AVE de Madrid, el AVE de Alicante, la pista de Silla… el efecto aislado de cada una de ellas no lo he analizado porque mi modelo es un modelo muy extenso que nace con la idea de ser una herramienta en la búsqueda de desaparecidos. Como hemos dicho, tiene una extensión de unos 166 kilómetros cuadrados, que es una extensión más propia de un modelo hidrológico que de uno hidráulico. Tiene unas 415.000 celdas de cálculo por eso cuesta mucho obtener la solución; y está pensado a escala regional, no para mirar aspectos de detalle. En general, las infraestructuras viarias no están lo suficientemente permeabilizadas. O sea, hay que hacer obras de paso, que es el concepto que engloba puentes, caños y marcos para salvar barrancos y cauces. Normalmente esos pueden estar bien dimensionados pero cuando el agua desborda esta inunda una llanura como es el caso. Porque geomorfológicamente la zona es muy complicada, es una especie de cuenco. Es una zona con varios conos aluviales superpuestos, con antiguos cauces invadidos por la urbanización y por el desarrollo que es complicado. Y cuando el agua se sale se encuentra con el terraplén de la infraestructura porque cuando se hizo la obra de paso se pensaba en el cauce, no en el flujo desbordado. De manera que eso es una cuestión que los ingenieros tenemos que revisar y permeabilizar en llanuras como esta de inundación. Hay que mejorar su drenaje.

¿Cree que después de lo que ha pasado, después del debate político, de que los técnicos estéis echando una mano para intentar ayudar como en el caso de los desaparecidos… cree se les está escuchando también a la hora de plantear soluciones para mitigar las trágicas consecuencias si vuelve a ocurrir esto en un futuro?

— A priori, no lo suficiente. Ahora que estamos en pleno apogeo de la cuestión, se nos empieza a escuchar. Hasta cuándo se nos va a seguir escuchando y si realmente nos van a hacer caso o no, pues no lo sé. La experiencia previa la verdad es que no es muy halagüeña porque este es un país en el que siempre funcionamos a clavo pasado. Tiene que caerse la presa de Tous para que cambie la normativa de presas; tienen que caerse varios puentes para que nos hagan caso. Mi tesis doctoral, hace ya muchos años, iba precisamente de la vulnerabilidad de los puentes sobre cauces frente a avenidas. Fuimos a varias Administraciones de diferentes signos políticos a plantear esa metodología como una herramienta para, digamos, optimizar los recursos disponibles, económicamente hablando me refiero, para evitar que puentes que sean susceptibles de ser tirados por una avenida se protejan y se reparen antes de que eso ocurra. Y cambiar de un concepto de ingeniería forense, es decir, de actuar a clavo pasado a actuar de manera preventiva. La mayoría de Administraciones nos hizo caso nulo. Y finalmente llegamos al Ministerio hoy de Transición y la actual norma de inspecciones principales de puentes contempla parte de lo recogido en aquella tesis: se están recopilando datos pero no estamos haciendo mucho con ellos. En la parte fluvial y de prevención, pues es la misma película. La comunidad científico técnica sabe que con mayor virulencia el Carraixet y el Poyo, porque son de respuesta más rápida y están menos regulados porque no hay ya ninguna presa en el Poyo, ni debe haberla seguramente, no hay capacidad de maniobra. Sabemos que son cauces muy, muy peligrosos. De hecho la última tesis doctoral codirigida con un compañero era sobre arrastre de coches por avenidas y el caso de estudio que elegimos fue la cuenca del Poyo. Eso se ha puesto sobre la mesa muchas veces, pero no solo por técnicos de la academia sino también por técnicos de las propias confederaciones. Pero al final son obras de mucha envergadura, de plazo de ejecución largo, de mucha inversión. Pero si esa inversión la comparamos con lo que ha supuesto esta DANA, sobre todo la pérdida de vidas humanas, porque eso es invaluable, si se hubiera salvado sólo una vida ya estaría pagada la obra. Ese conjunto de actuaciones de la cuenca del Poyo hasta la Albufera eran unos 200 millones de euros de presupuesto. Porque estamos hablando de miles de millones de euros de pérdidas y, sobre todo, de 228 muertos; eso no tiene precio.

— Usted ha sido también llamado por la jueza que lleva el caso de la DANA para declarar en la causa. ¿Qué es lo más importante que le ha transmitido a la jueza?

— La declaración fueron cuatro horas largas. Fui citado como perito de oficio por la jueza y en la declaración respondes a preguntas de los abogados de la acusación, de la jueza en primera instancia y luego de los abogados de la acusación y de los de la defensa. Al final pregunta todo el mundo y sin límite de tiempo y por eso se fue a cuatro horas pasadas. Se me preguntó por todo: por la cuenca del Magro, por la del Poyo, incluso por la del Turia y creo que el mensaje fundamental que yo intenté transmitir es que hay que tomarse en serio a Aemet; sobre todo si va avisando con antelación y la secuencia de avisos es coherente a medida que nos aproximamos al día señalado, donde la incertidumbre se va acotando y va disminuyendo. Y ya cuando llegamos al día de antes, esa predicción ya tiene una fiabilidad enorme si además viene avalada por la secuencia anterior. Hay que tomárselo muy en serio en este tipo de cuencas de respuesta rápida con inundaciones relámpago, donde no hay tiempo. Trabajar con el aforo de la Confederación es trabajar en tiempo real, ya llegas tarde. Tenemos que necesariamente activar todas las alertas con la predicción meteorológica. Desde mi punto de vista, es la herramienta con la que se deben activar las alarmas a día de hoy en nuestro contexto: cuencas parcialmente aforadas o sin aforo como las subcuencas del Gallego, l’Horteta, etcétera. De respuesta muy rápida. Aquí es la previsión meteorológica la que debe activar todo tipo de alarmas.

— Si volvemos a enfrentarnos a un fenómeno de esas características, ¿qué debemos hacer para que no tenga las consecuencias tan lamentables y tan graves que ha tenido? ¿La ejecución de nuevas infraestructuras también contribuiría a reducir esas catastróficas consecuencias?

— Por supuesto, nosotros trabajamos con dos tipos de medidas: de tipo estructural y de tipo no estructural. Las de tipo estructural son las que implican obra y las tipo no estructural las que no la necesitan. Lo que consigue mitigar y disminuir la peligrosidad y el nivel de riesgo en una determinada zona susceptible de sufrir inundaciones es un mix, es un paquete de un conjunto de medidas de ambas características. Medidas de tipo estructural son obras, encauzamientos, desvíos, zonas de laminación de avenidas donde tú provocas adrede ahí el desbordamiento para que no haya pérdidas de vidas humanas aguas abajo, aunque sí haya pérdidas materiales. Se llaman a veces zonas de sacrificio. Pero las obras por sí solas no van a resolver el problema porque siempre se van a poder ver superadas. Y eso hay que acompañarlo de planes de emergencia, de mapas de peligrosidad de inundación, que uno sepa dónde vive y si ahí llega la inundación o no. Protocolos, simulacros, sobre todo información, información e información: una gestión de la emergencia acorde a esa peligrosidad. Y de ahora en adelante a ver si de verdad ordenamos bien el territorio, porque una correcta ordenación territorial haría que fuéramos mucho menos vulnerables. Porque si tú tomas medidas estructurales, haces obras de encauzamiento y al abrigo de esos encauzamientos sigues edificando junto al río, pues no hemos hecho nada porque esa obra en algún momento se verá superada.

— Me imagino que también será necesario educar e informar a la gente de lo que tiene que hacer ante estos casos, ¿verdad?

— Sí, sí yo creo que una de las lecciones aprendidas de esta DANA es que todos, pero sobre todo desde la Universidad, debemos mejorar el nivel de educación en inundaciones, en este caso, pero en riesgos naturales en la población en general. Yo creo que esto debería ir ya al colegio como una actividad donde mejoremos el nivel de formación de la gente respecto de este tipo de fenómenos, porque eso va a aumentar, sin duda, su nivel de autoprotección y no estaremos tan en manos de las decisiones del político de turno en ese momento. Y sería muy bueno desarrollar aplicaciones, por ejemplo para móvil, donde uno supiera en la zona donde vive dónde tendría que ir en caso de tener que moverse; dónde tendría que subir, en caso de no poder moverse para evitar ser arrastrado por el flujo. Hay muchas cosas que hacer, pero una de las fundamentales es la educación. Mejorar la educación, la formación sobre todo en función de la zona en la que te encuentres, del riesgo natural que te pueda afectar como medida fundamental para el aumento de tu nivel de autoprotección.

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