
La ausencia de vocaciones y el hecho de no poder dar relevo a las hermanas obligan a tomar esta difícil decisión que provoca una cascada de emociones.
La despedida aconteció en la Iglesia de Las Ventas e incluyó una misa en acción de gracias en la parroquia Nuestra Señora de los Dolores y un sencillo ágape en el que participó el alcalde, Rafael Pérez.
Como es lógico, las siete hermanas que a día de hoy representan a la congregación no han podido ocultar la emoción de este histórico momento que pone el broche a un intenso siglo de trabajo. No hay que olvidar que han sido muchos los vecinos de Buñol que han pasado por sus clases y que, por tanto, han recibido los conocimientos que les han ayudado a defenderse en una sociedad cada vez más competitiva.
El párroco José Vicente Martínez nos confirma que Margarita —madre superiora—, Amalia, Jacinta, María José, María Ángeles, Remedios y Josefa se marcharán en las próximas fechas de Buñol, población en la que se sienten como en casa.
La sencillez y la entrega desinteresada al prójimo son aspectos que definen a estas veteranas mujeres que se van con un nudo en la garganta, con lágrimas en los ojos y con la esperanza de ser recordadas, junto a sus predecesoras, como fieles sirvientes.
Gracias a los datos aportados por la hermana Luci, quien hasta hace poco ha ejercido como madre superiora, hemos podido conocer un poco más de cerca la particular historia de las Hermanas de la Sagrada Familia de Burdeos de Buñol desde su llegada en tren allá por el 19 de marzo de 1896. Entonces fueron acompañadas por la superiora del Colegio de Loreto hasta su residencia en el pueblo, para posteriormente hacerse cargo de una clase de párvulos.
La afluencia de niños y el gran trabajo realizado obligó a ampliar las instalaciones, un crecimiento que quedó interrumpido en el año 1931 y en el 36 por los devaneos políticos que pusieron en el disparadero a quienes en todo momento han huido de pronunciamiento político alguno.
Afortunadamente, la ideología quedó a un lado y los alcaldes de la época ayudaron a que estas mujeres pudieran salvar su vida.
Finalizada la contienda bélica, y gracias a que el ayuntamiento se hizo cargo del mantenimiento del centro educativo, las hermanas pudieron regresar, dando así respuesta a la llamada del párroco Francisco Martínez, quien fue trasladado de Buñol poco antes del regreso de las religiosas.
A pesar de las estrecheces de la época, y gracias a la colaboración de las ex alumnas, pudieron dar continuidad a su trabajo, incluyendo aquí atención sanitaria y talleres de cualificación.
En el 41, doña Constantina Criado dejó su patrimonio para que pudieran recibir clases las niñas necesitadas de la época. A medida que pasaban los años, el proyecto se fue consolidando. Así, en el arranque de la década de los 50 el colegio fue mejorando sus infraestructuras y recibió permiso para impartir clases de bachiller. Era el año 1954 y tocaba alquilar locales para poder continuar con la docencia.
En 1967 se llegó a la conclusión de que había que buscar otro emplazamiento para el centro educativo, contando aquí con el apoyo del alcalde de la época, Enrique Silla. Afortunadamente, el dueño de la Atalaya, Manuel García, había puesto a la venta su propiedad y accedió a que quedara en manos de la congregación por un precio mucho más bajo al que se reclamó a otros pretendientes.
Poco antes del traslado a la zona de las Ventas, en la que se ubica actualmente el colegio, se potenciaron las clases nocturnas. La iniciativa tuvo una gran aceptación, pues permitió a quienes trabajaban de día pudieran formarse cuando el sol se perdía en el horizonte. En el curso 1968-1969 las clases fueron impartidas por las religiosas, los sacerdotes, la Obreras de la Cruz y algún profesor.
Fue en el año 1980 cuando las Hermanas dejaron el centro, por lo que éste pasó a ser diocesano.
Aunque durante unos años fueron los Padres Escolapios quienes se hicieron cargo de su gestión, posteriormente pasó a ser guiado por el Obispado. Desde ese momento, las hermanas han residido en la casa anexa centrándose en su labor pastoral en la parroquia, en la catequesis, en el apoyo a Cáritas, en el cuidado de los enfermos y en la liturgia, entre otros menesteres.
El 19 de marzo de 1996 se conmemoró el primer siglo de estancia de las religiosas en Buñol con una misa oficiada por Francisco Ferrer (Paquito).
«Hoy, después de 119 años que hemos compartido nuestra vida con el pueblo, no sin pena, tenemos que decirles adiós. Damos las gracias a Dios en primer lugar, a los sacerdotes de antes y de ahora, a las autoridades del pueblo, al sacristán Luis Carrascosa que desde que era niño ha colaborado con nosotras, a las Hermanas Obreras de la Cruz, a las antiguas alumnas y alumnos, así como al pueblo en general. Para nosotras todos han sido muy queridos. Como no todo lo que se hace sale bien, queremos pedir disculpas por aquello en lo que les hayamos ofendido, pues fue sin querer. Nos vamos, tenemos que dejarles, pero les llevamos en nuestro corazón. En la oración les tendremos siempre presentes», han afirmado las Hermanas de la Sagrada Familia de Burdeos.
Allá donde vayan, bien merecido tienen el descanso. A buen seguro que en la maleta se llevarán numerosas muestras de cariño. Merecidas son, sin duda.
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