
— PREGUNTA: ¿Qué le ha motivado a dejar a una de las bandas sinfónicas más reconocidas del mundo?
— RESPUESTA: Quiero dejar claro que la razón no hay que buscarla ni en la sociedad, ni en Buñol. Como dije en marzo a los músicos, mi dedicación a la banda nunca ha sido exclusiva, ya que siempre he compartido la dirección artística de «El Litro» con otros compromisos dentro y fuera de España. En el último año mis compromisos fuera han ido en aumento, con algunas propuestas muy interesantes de cara al año que viene. La verdad es que llega un momento en el cual tienes que elegir y tomar decisiones… Simplemente quiero poder dedicar más tiempo a otros proyectos, sobre todo internacionales, y por esto mi decisión de dejar la dirección artística de la sociedad.
— ¿Se marcha con la sensación del trabajo cumplido?
— Cuando miro atrás y veo lo que hemos hecho en los últimos siete años me siento muy satisfecho y con una tranquilidad por la seriedad del trabajo que hemos podido realizar durante todo este tiempo. Algunos pueden pensar que siete años no es tanto tiempo, pero cuando analizas lo que hemos hecho, uno se da cuenta de lo intensos que han sido: cinco certámenes, varias grabaciones para sellos discográficos en España, Bélgica (para la editorial Hafabramusic, con música de Derek Bourgeois), Japón (CD con música para clarinete bajo y banda), EE UU (CD con música para saxofón y banda), colaboraciones con artistas internacionales, directores invitados, viaje a Chicago… Una lástima que finalmente no haya prosperado el viaje a Kerkrade de este verano para actuar como banda invitada, ya que se ha trabajado durante mucho tiempo en muchos frentes para hacer posible esta invitación. Pero como todos saben, la economía actual está haciendo estragos en nuestra vida cultural, y por muy interesante que sea el proyecto artísticamente, la economía manda en estos casos…
— ¿Qué cambios ha experimentado en su opinión la banda sinfónica desde su llegada?
— «El Litro» tiene una tradición musical y una sonoridad propia de una calidad envidiable, que es fruto de muchos años, de los muchos directores que han pasado por ahí, y de una calidad artística de cada músico que ha sido creada dentro de una escuela donde históricamente todos crecieron con una misma filosofía sonora. Estoy convencido de que la tradición manda mucho más que el criterio de cualquier director en este caso. Parte del trabajo de cualquier director no es sólo conservar este sonido, sino intentar refinarlo aún más. Espero que haya podido aportar mi granito en este terreno. No me incumbe a mí valorar esta parte, sino a los músicos y al público en general. Un cambio importante del que sí me considero responsable es la apertura internacional y el reconocimiento que está recibiendo hoy en día la sociedad desde fuera de nuestras fronteras. Resulta que muy poca gente conoce a una de las mejores bandas del mundo. Quizás nos creamos más los halagos cuando vienen desde fuera en lugar de nuestro propio entorno, pero para esto nos tienen que conocer. «El Litro» es un «producto» que se puede vender bien, por su incontestable calidad.
— ¿Se ha sentido arropado por músicos, masa social y directiva durante todos estos años?
— Muchísimo. La grandeza de este pueblo es la sencillez de sus habitantes. «La Armónica» cuenta con algunos de los mejores músicos con los que he podido trabajar en mi vida, pero nunca me he encontrado con ningún «divo»; todos aportan lo que pueden, de una forma completamente desinteresada y con una humildad y sentido de pertenencia impresionante. El contacto con los socios siempre ha sido muy cálido y han conseguido que me haya sentido muy querido en cada momento. Con respecto a la junta directiva; muchas cosas de las que hemos conseguido no hubieran sido posibles sin el apoyo incondicional y la confianza ciega en su director por parte del presidente José Corachán y todo su equipo, que ha sido la junta con quien he trabajado durante estos siete años, y a quienes estaré eternamente agradecido por la oportunidad que me brindaron en su día. Con la nueva directiva sólo he tenido el placer de trabajar estos últimos meses, en los que ya no me ha tocado hacer ninguna planificación de cara al futuro, ya que hice público mi decisión de dejar la banda hace seis meses. En este corto período he podido ver un presidente con ambición y ganas de hacer cosas, y un buen equipo que le ayudará en sus proyectos. ¡Les deseo lo mejor en este gran viaje que ahora empieza!
— ¿Cuál ha sido el momento más dulce?
— Es difícil nombrar algún momento en concreto, pero puesto a buscar… quizás el viaje a Chicago. En una sociedad como «El Litro» siempre necesitaremos a nuestros músicos profesionales cuando vamos a un certamen, siempre de forma desinteresada. El viaje a Chicago no era un certamen: era un concierto de gala en un fórum donde participan 17.000 directores, compositores y profesores de todo el mundo, y poder ofrecer este viaje a nuestros músicos profesionales ha sido un bonito y merecido regalo a ellos, por todo lo que han hecho para la sociedad. Otro momento muy dulce en estos siete años ha sido el concierto «Mano a mano de 2011», ya que ha sido el primero de mi hija tocando con «El Litro». Estoy convencido de que su paso por la banda le ayudará en su desarrollo como músico.
— ¿Y el más amargo?
— Ya que hablamos de viajes, considero que la sociedad perdió una oportunidad única este año en Kerkrade. El estreno absoluto de la Trilogía de Marco Polo ahí hubiera sido algo mágico. Dentro de unos años, la obra se convertirá en un hito dentro del repertorio bandístico, muy difícil de hacer en su totalidad: no sólo por su dificultad técnica, sino sobre todo por la inmensa instrumentación que requiere, con todos sus instrumentos étnicos, coro… El marco para hacerlo era inmejorable, en el momento idóneo cuando Kerkrade se convierte en centro mundial de la música para banda. Es una lástima que el proyecto finalmente no cuajara por la falta de recursos. No sé si por parte de los organismos públicos podían haber hecho algo más: Buñol ha perdido una ocasión de oro de proyectarse como pueblo de la música ante todo el mundo. Es algo que está muy por encima de la conocida rivalidad entre dos bandas locales. A la larga ambas se benefician de este tipo de proyectos. Quizás más que dinero ha faltado visión en este tema.
— ¿Cuál es el estado de forma actual de la plantilla?
— Supongo que no te referirás a su estado después del fin de semana de Día del Litro y el Día de las Músicas… porque este no será muy bueno! (sonríe) Hablando en serio, la banda está en un momento inmejorable. Durante toda la actividad que hemos tenido este verano hemos podido disfrutar de una asistencia muy alta a los ensayos y mucho compromiso por parte de todos los músicos, lo cual ha resultado en un concierto del «Mano a mano» espectacular. Aunque tampoco sé si lo valoro más a ser mi último o realmente ha sido así… A veces es difícil ver hasta qué punto el factor emocional hace daño a la percepción objetiva.
— ¿Por dónde pasa su futuro?
— Salvo el hecho de que no estaré semanalmente en Buñol, no cambiará tanto mi vida profesional. El último año ha sido muy frenético, a un ritmo que a la larga sería insostenible, teniendo en cuenta que también tengo una familia. Necesito sobre todo encontrar un poco más de tranquilidad y algo más de espacio para poder responder a mis proyectos a desarrollar fuera de España. Como todos los seguidores saben, una faceta importante de mi vida profesional se desarrolla en Sudamérica, con un rol muy céntrico para Medellín y Colombia, pero con proyectos para el año entrante en otros países como Venezuela, Argentina o Costa Rica. Mientras tanto sigo en mi trabajo en la editorial Piles como responsable de las ediciones para banda y como director en la banda de Denia.
— ¿Qué mensaje le gustaría enviar a los socios y simpatizantes en su despedida?
— Un mensaje de gratitud. «La Armónica» me ha dado mucho en estos siete años; me ha permitido crecer y aprender al lado de gente increíble, tanto en lo humano como en lo profesional. Esto no lo considero una despedida del todo, o como me dijo algún músico esta semana pasada: «Adiós maestro, bienvenido Frank». Esta es una institución que está muy por encima de cualquier director o junta directiva: es responsabilidad de todos mantener el prestigio que han creado nuestros antepasados. Ojalá pueda haber un reencuentro con la sociedad de una forma u otra. Un abrazo y ¡viva «El Litro»!

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