José Marzo: «Para escribir este libro, ‘Buñol, mi tierra’, he tenido que salir muchos días al monte durante quince años»

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El buñolense José Marzo ha escrito, editado y autofinanciado su libro «Buñol, mi tierra», que recoge además de muchas de sus vivencias relacionadas con la agricultura, el monte y el campo; una relación de espacios, lugares y rutas de la localidad, del término municipal así como de pueblos limítrofes muy conocidas en el pasado y, por desgracia, actualmente muchas de ellas prácticamente perdidas. Desde tucomarca.com hemos charlado con el autor quien, en breve, tiene previsto realizar una donación de sus libros a la biblioteca pública municipal de la localidad para que quien lo desee pueda descubrir o recordar enclaves a través del disfrute de su lectura.

‘Buñol, mi tierra’ es el nombre del libro que ha escrito José Marzo Torres. Un total de 639 páginas, ilustrado con cientos de fotografías a todo color y con un contenido que ahora desgranaremos. José, ¿qué se va a encontrar el lector que se acerque hasta su libro?

— Pues ‘Buñol, mi tierra’ es un compendio de la vida de un paisano medio; los avatares de un buñolero nacido en el comienzo de la guerra “incivil” española, de 1936 a 1939. Sus vivencias, vividas, oídas a nuestros mayores, con datos del interior del pueblo de Buñol, de sus lugares emblemáticos, así como de lugares emblemáticos del término y de algunos de los pueblos limítrofes. Con referencia a fuentes y pozos, algunos ya casi desaparecidos. Todos ellos con sus coordenadas, de manera que el lector pueda localizarlos y disfrutar de su visita.

¿Qué le animó a escribir este libro?

— Siempre he tenido curiosidad por escribir algo, claro sobre la vida que hemos tenido nosotros, lo que se llama un buñolero medio. Y dije, ¿por qué no? Yo ya tengo un montón de años y siempre me ha gustado el monte, me ha gustado salir al campo y tienes unas vivencias de joven. Eran otros tiempos, no quiero decir que sean mejores ni peores, eran otras formas de vida. Uno decía: vamos a coger esta ruta hoy, bien cuando ibas al hongo, a hacer cacera… bebíamos agua en el pocico tal o en la fuente cual y hoy vas por el monte y te das cuenta de que lo que antaño se cultivaba se dejó de cultivar. Así que primero sale el pasto, después del pasto viene la leña pequeña, después el matorral y a la que te das cuenta es un follón de pinos que no se puede ni andar por el monte. Cañadas donde has visto viñas, las viñas de bobal esas que habían que eran cepas enormes, hoy no puedes andar porque la leña lo invade todo. Y es una lástima que hoy ya no se sabe dónde hay una fuente, lo sabemos los que las hemos conocido, de los cuales quedamos un puñado, los demás no saben ni que existen. 

¿Le animó entonces el recoger en el libro pozos, fuentes e incluso lugares que se estaban empezando a perder en la memoria colectiva de su pueblo?

— Bueno, empecé por el motivo de que saliesen a la luz los lugares. Inicialmente yo no tenía medios, tenía una cámara de carrete y con la cámara de carrete vi que aquello era imposible. Y en eso mi mujer y mi hija me regalaron una impresora, un ordenador y una cámara digital. Y cuando tuve aquello en mis manos dije: esto sí, ahora sí que voy a poder. Entonces, empecé a caminar, con mi tractor y con esos implementos. Creo que he hecho una relación que hoy, mañana y siempre quedará para el que quiera consultarla y vivirla. Porque cada lugar una tiene sus coordenadas y cualquier persona que hoy, mañana o pasado tuviera curiosidad de visitarlas, lo podrá hacer.

¿Cuando empezó a elaborar este compendio y cuánto tiempo le ha llevado?

— Este trabajo lo empecé en mayo de 2005 y se terminó en abril de 2017; o sea que han sido 12 años en los cuales, hay que decir, que ha habido meses que no he podido salir al campo y otros en los que he tenido que ir hasta tres veces a buscar un sitio, por que claro han transcurrido más de 50 años y lo que antes era una cañada de viñas hoy es un inmenso bosque y las cosas no se ven ahora como mentalmente las las recuerdas. Han sido marchas muy largas pero a mí me ha dado mucha ilusión, lo he hecho muy a gusto. He tenido suerte también que mi familia me ha comprendido y me han apoyado; y yo creo que eso es importante. 

¿Cómo está estructurado el libro?

— Está dividido en una serie de bloques y cada uno de ellos aborda una temática. Esos bloques hablan por una parte de la juventud, de la madurez, de la caza… Y está, digamos, que partido el término municipal por zonas. En el libro hay una primera parte en la cual está la vida de un paisano de Buñol, como he dicho antes, sus vivencias oídas directamente. Y posteriormente cuando ya nos salimos a zona rural se recoge un patrimonio que se debe de mantener y de respetar porque es valioso, muy valioso. Al final lo que se hizo es que el libro se distribuyese por zonas, que cada zona tuviese su ruta desde el principio hasta el final. Con sus lugares emblemáticos rústicos y demás.

El libro además de escribirlo, lo ha editado y financiado usted mismo, todo un ejemplo de lo que ahora se llama crowdfunding, vamos, ¿un esfuerzo extra, no? 

— Este libro a mí me ha costado, porque claro mis dotes no son las de un profesional. La maquetación la hizo mi hija, Isabel Marzo Pérez, que no ha querido tener protagonismo pero gracias a ella ha salido la maquetación. Y ha sido un trabajo enorme, porque desde que se terminó en 2017 hasta el año 2023 ha sido un constante combinar fotos, combinar escritos… Y el editarlo, yo dije: esto lo he hecho yo y me lo pago. Y así ha sido y me he dado el gusto de hacer una tirada y regalarla a todos mis familiares y a alguna amistad más cercana.

Y para quien quiera acceder a este libro para leerlo tengo entendido que ahora va a realizar una donación a la biblioteca municipal, ¿es correcto?

— Sí, yo también quería aportar a la biblioteca municipal para que, quién tenga el gusto de leerlo, pueda hacerlo. Que se tenga acceso a él en la biblioteca de forma gratuita; por lo que voy a donarlo a la biblioteca como aportación a la cultura de Buñol.

Y casi para finalizar la entrevista, ¿podemos decir que estamos no solo ante de un libro sino casi que ante otro hijo para usted?

— Pues sí, estoy muy contento, estoy muy contento. Cuando lo abro por cualquier página me entra una alegría, me entra un sentimiento que no sé si de congoja o de alegría; de emoción de haber llegado a esto.

Además puede enorgullecerse de que todo lo que ha recogido en este trabajo va a quedar para la posteridad, para que las generaciones futuras puedan saber y conocer cosas que se están perdiendo, ¿verdad?

— Claro, hay que tener en cuenta que para escribir este libro ha habido que salir muchos días por el monte; salir de casa a medianoche con el tractor y claro hay que patear mucho monte. Para hacer un libro así pues hay que tener esas condiciones y ser bastante desprendido para decir: cueste lo que cueste. Pero yo creo que a Buñol le hacía falta tenerlo porque estamos en una época, una vida práctica, una vida sin sentimentalismo y esas cosas se pierden, se pierden porque está a la vista que lo que antes era una zona de cultivo ahora es una selva. Por lo que tiene que haber algo; y esto es ese algo que hoy, mañana y siempre estará a la vista para los que quieran leerlo.

Informa: M. A. Pallás.

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