
Todo comenzó a principios del mes de septiembre cuando en pocos días se sucedieron hasta seis robos en los diferentes chalets de la urbanización, tal como sucedió el pasado año. Sin embargo, los vecinos afirman que los robos del pasado año se iniciaron en noviembre hasta la primavera con más de cien viviendas asaltadas. Ahora, los afectados han querido cortar por lo sano, por lo que han establecido diversos turnos de vigilancia.
Según Pedro, un portavoz de esta patrullas ciudadanas, «no se pretende frivolizar sobre el asunto, pues esto es una cosa seria. No somos ni policías ni héroes, tan sólo queremos evitar que nos roben nuestras pertenencias».
Esta urbanización consta de más de 500 chalets y unos 12 kilómetros de calles, por lo que es muy difícil de controlar la seguridad en su totalidad. Por este motivo, los improvisados vigilantes se limitan a controlar los dos accesos a la urbanización y a identificar a los coches. La ventaja que tienen respecto a la Policía, según afirman, es que conocen a la mayoría de los coches que transitan por el lugar.
Otro grupo se ubica en lo más alto de la urbanización desde el cual controlan a quienes circulan por las calles. Si no los conocen se avisan entre los vigilantes por whatsapp o sms a fin de realizar un seguimiento. Si se observa cualquier comportamiento sospechoso avisan inmediatamente a la Policía Local o Guardia Civil, «pues nunca actuamos», como ha afirmado el portavoz vecinal.
En estos tres días que llevan patrullando ya han evitado un robo cuando se detectó la presencia de dos coches que no eran vecinos accedieron a las 3 de la madrugada por la urbanización. Los vigilantes llamaron a la Guardia Civil, quien identificó y frustró el robo de una de las viviendas.
Una colaboración estrecha entre vecinos y cuerpos de seguridad se está confirmando como todo un acierto a tenor de los resultados observados.
Robos en el cierre estival
Como ya sucediera el pasado año, una vez concluida la época estival y con el inicio del curso escolar, son muchos los vecinos que regresan a su domicilio principal, ya que la mayor parte de los 500 chalets de los que consta la urbanización Altury son su segunda residencia. Es entonces cuando los amigos de los ajeno aprovechan la ausencia de sus propietarios para acceder con facilidad a los domicilios para robar.

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