Opinión: «El «Polvorín» de Corrons», por Juan Simón Lahuerta

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Juan Simón Lahuerta

Así era conocido por mucha gente el Destacamento del Parque de Artillería de Valencia, ubicado en la margen izquierda del río Buñol, en la partida de Corrons. El entrecomillado del título obedece a que un polvorín se utiliza para almacenar pólvora y explosivos, mientras que nuestro Destacamento funcionaba como talleres de carga y descarga de proyectiles. El verdadero polvorín del Parque de Artillería, estaba —y sigue estando— en Chinchilla (Albacete).

Mucho se ha escrito y comentado sobre el Destacamento, y sus dos explosiones. Nosotros sólo queremos aportar pequeños matices, curiosidades, anécdotas y nombres, cuya fuente es una persona que lo vivió desde dentro: el entonces teniente jefe del Destacamento, hoy Coronel retirado, Herminio Tortajada (92 años). Hay datos y hechos del día a día que, de no ser así, nadie conocería. No tratamos de enmendar la plana a nadie y, en cualquier caso, nuestro artículo solo aspira a ser complementario de otros. En ese sentido, recordamos un artículo espléndido del historiador buñolero Pepe Medard, cuyo título era idéntico al nuestro, pero sin el entrecomillado. En él nos narra brevemente, con la precisión y el rigor propios de su profesión, la historia del Destacamento. Nos describe con detalle, cómo vivió el pueblo de Buñol sus dos explosiones, centrándose principalmente en la primera por ser la que más alarma y pánico generó en la población.

Efectivamente, a lo largo de su historia se produjeron dos explosiones en el Destacamento, que asustaron y tuvieron en vilo a la población. La primera fue el 29 de julio de 1951, afortunadamente sin víctimas. El diario Levante dijo: «….se registraron varias explosiones en el polvorín existente en las cercanías de Buñol, debido a la descomposición de la pólvora a causa del fuerte calor reinante».  

La segunda explosión fue una verdadera tragedia. Ocurrió el 22 de enero de 1957, cuando ocho soldados trabajaban en la descarga de una partida de proyectiles procedentes de la Guerra Civil. El diario Las Provincias daba así la noticia: «Esta mañana se ha producido un tristísimo suceso, en las cercanías de Buñol… En el polvorín de artillería, cuando se efectuaba la descarga de un proyectil, calibre 75/28, se produjo una explosión, resultando siete artilleros muertos en el acto y uno herido grave»». El terrible balance final fue la muerte de ocho soldados. Ese mismo día, el alcalde declaró luto oficial. Se pusieron crespones negros en las banderas y se suspendieron todas las actividades lúdicas y comerciales. Días después, el 1 de febrero, se celebró una misa funeral, a la que asistieron autoridades civiles y militares. Entre estas últimas estaban el Teniente Coronel Eduardo Ufer, director del Parque de Artillería de Valencia y el Teniente Herminio Tortajada, jefe del Destacamento.

Añadir que en el momento del trágico accidente, la dotación del Destacamento era de treinta o cuarenta soldados, un sargento y el teniente ya citado.

Pero hagamos también un poco de historia de la zona militar y sus dependencias. En su origen fue una fábrica de armas de la República Española, dirigida por un ingeniero ruso que vivía en un magnífico chalé del recinto. Era la «Fábrica de Armas nº 12 Nules-Buñol», según consta en documentos consultados y en ella se fabricaban pistolas, subfusiles y ametralladoras —entre estas últimas la famosa Maxim rusa, refrigerada por agua—. Tras la guerra civil dejó de fabricar armas y se trasladó la maquinaria al Parque de Artillería de Valencia. Nos dice el Coronel Tortajada, antiguo jefe del Destacamento, que los tornos rusos funcionaron en el Parque de Artillería y tenían tal precisión, que no había en Valencia ninguno que los igualaran. También nos comenta que, durante los cuatro años que dirigió el destacamento (1953-1957), siempre solicitaba que le enviasen soldados analfabetos a los que él, personalmente, se encargaba de enseñarles a leer, escribir y las cuatro reglas, de modo que terminaban la mili alfabetizados. Todo un detalle por su parte. Por último nos cuenta que, aprovechando un pequeño afloramiento de agua dentro de la zona militar, construyó una fuente, a la que pusieron por nombre «Fuente la Mezquita». Estaba dotada de una explanada con asientos y era un rincón acogedor, para recreo de los soldados, y que también podía utilizar —y utilizaba— la ciudadanía de Buñol. Es justo añadir que encargó la construcción de dicha obra a su sargento, Diego Cabello, un cordobés que, fiel a sus orígenes, propuso el nombre de la fuente. Nos parece oportuno citarlo, dado que dicho sargento estaba casado con la maestra buñolera Carmen Espacio.

En la década de los sesenta el destacamento es desmantelado pero se mantiene como zona militar, con una dotación mínima de personal para vigilancia, hasta que en 1996 el Ministerio de Defensa lo pone en venta. Hoy sólo quedan escasos vestigios, una garita, un pequeño muro y restos de la Fuente la Mezquita. 

Nuestra gratitud al Coronel Tortajada que, por cierto, una hija suya se casó con un hijo del Dr. Facundo Tomás Carrascosa. Es todo un lujo que, después de tantos años, alguien nos pueda contar, en primera persona, hechos y datos del antiguo Destacamento de Corrons, cuya historia forma parte de la de nuestro pueblo.

Juan Simón Lahuerta (Buñolerómano)

P/D.- En su artículo, Pepe Medard, bajo su nombre, utiliza como alias «Buñoleroadicto». Como su «adicción» es también la mía, me ha dado una idea y me he aplicado otro alias, distinto pero equivalente: «Buñolerómano». Gracias por la idea, maestro.

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