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«He plorat molt. He vist coses. He plorat molt». (Vicent Andrés Estellés).

Creo que no hay una emoción tan fuerte como participar en cualquier gesto solidario. Este 11 de abril ha sido una de esas. Una de las que quedarán para siempre grabadas en la memoria de quienes estuvieron allí, en el Teatro Liceo de Cheste una tarde de abril lluvioso, aportando su granito de humanidad para levantar a uno de los suyos, caído en la desgracia de aquel octubre roto.
Y los protagonistas de esta gesta han sido ellas, las mismas que se lanzaron a las calles enfangadas de nuestros pueblos con una pala en las manos sin esperar nada a cambio, llenas de incredulidad y susto en los huesos, para lanzar bien lejos la mierda de la desgana y el hastío, a un mar mediterráneo también colmatado de alarmas que nunca llegaron a tiempo.
Y la solidaridad ha sido todo un grito de aire fresco sobre un escenario en el que se palpaban las ganas de ser útiles en este mundo tan distante que nos han vendido, en el que quieren alienar hasta el sufrimiento para hacernos cómplices de la desgracia y la inevitabilidad de ser humanos.
Allí estaban ellos y ellas, el alumnado de todos los centros de la comarca participando en un acto necesario para replegar un puñado de euros, y ofrecérselos al IES Alameda de Utiel devastado por la riada.
Allí también, demostrando que el futuro no puede ser sino nuestro, el instituto de La Vall d’Aran en el que los chavales han juntado casi 1.200 euros para entregarlos a la fila cero, como si en ello les fuera su propia educación. Y tantas otras con su música, el profesorado involucrado, alguien que donó su pintura, su voz, sus partituras, la concejala de un pueblo metido hasta la médula en esto de echar una mano en asuntos de educación que nos construye a todos. Sin importar si las cosas se dicen en varias lenguas, con varios sonidos, con silencios necesarios.
Una juventud que no ha tenido tiempo de ensayar los golpes que nos da la vida en un abrir y cerrar de ojos pero que es capaz de interpretar la valentía y el arrojo para darle sentido a todo esto que tiene que ver con el simple hecho de ser humanos.
Reproduzco la última frase de Polina (ucraniana y alumna del IES Hoya de Buñol): «Tengo 17 años y he vivido varias veces la desolación y la inquietud; la tristeza y la rabia, la guerra y la riada. La preocupación es la misma y también la suerte de saberme viva».

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