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Hemos asistido en estas semanas, impotentes y desconcertados, a la tala de unos árboles que estaban desde hace años en los terrenos del antiguo instituto Luis Vives de Chiva.
El proyecto de construcción de un nuevo colegio en ese lugar ni ha contemplado la posibilidad de conservar estos árboles, que ya formaban parte de un pequeño y casi único pulmón verde de nuestro pueblo. Basta con buscar en Google la foto aérea de la zona para comprobarlo.

Y no se entiende, además, cómo ni siquiera se ha tenido en cuenta que éstos no estaban, en su mayoría, en el centro de dicho terreno. Por poner dos ejemplos, la arboleda formada por varios plátanos de sombra estaba justo en una esquina, por no hablar del gran pino talado que estaba también en un lateral.
Varias generaciones crecimos y jugamos bajo estos árboles, que sobrevivieron en su mayoría a la demolición del antiguo instituto, lo que nos hizo pensar que seguirían ahí para siempre, cualquiera que fuera el proyecto que se desarrollara en estos terrenos. Y la idea de que se conservarían se reforzó todavía más al saber que se iba a construir un nuevo colegio en este lugar, donde los niños iban a poder disfrutar de ellos como lo hicimos anteriores generaciones.
Pero no ha sido así, y deberíamos haber imaginado que ocurriría esto, porque ya lo hemos visto en otras actuaciones en toda esta zona del pueblo: es demasiado fácil cortar árboles que ya forman parte de nuestro entorno.
Y en su lugar veremos levantarse próximamente unos edificios modernos, con todas las etiquetas energéticas sostenibles y quizás incluso con algunos materiales reciclados en su construcción, aunque seguramente tendrán patios de cemento y poca vegetación, como suele ocurrir en demasiadas construcciones de este tipo. Y hay que decir también que los árboles talados ofrecían ya un entorno vegetal, de calma, para unos niños que pasarán muchas horas de su vida en este colegio.


Podemos impartir talleres y dar charlas en centros educativos, para sensibilizar a las nuevas generaciones sobre la importancia de cuidar el medio ambiente, pero gestos como éste, donde se talan árboles como se quitaría una simple valla, son ejemplos nefastos que no influyen para bien en la creación de una conciencia colectiva de respeto por la naturaleza que nos rodea.
Los árboles no saben de ideologías políticas ni de teorías económicas, solo purifican el aire que todos respiramos, nos protegen del calor con su sombra y crean entornos tranquilos, terapéuticos, tan necesarios en nuestra estresante época actual.
Es hora de que se les proteja con leyes más efectivas, porque no está en la conciencia de todos que su importancia es básica y fundamental: nos permiten respirar y están demasiado desprotegidos.
No sabemos quién ha tomado la decisión de no conservarlos, de talarlos en plena primavera, cuando estaban brotando, llenando de verde la zona, y borrando el color marrón que parecía haberlo invadido todo después de la DANA.
Solo sabemos que sentimos rabia, impotencia y tristeza porque se ha acabado con algo insustituible, y porque sigue siendo demasiado fácil cortar los árboles.
Mª Carmen Ulldemolins es profesora y vecina de Chiva

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