El interior de la provincia de Valencia se maravilla con el eclipse que reúne a miles de vecinos y visitantes en la España despoblada

El interior valenciano se une bajo la sombra de la Luna

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Las comarcas del interior de la provincia de Valencia de La Hoya de Buñol-Chiva, Requena-Utiel, La Serranía, Camp de Túria, el Rincón de Ademuz y el Valle de Ayora-Cofrentes han vivido una jornada histórica en la que vecinos y visitantes han convertido a los pueblos de la España despoblada en protagonistas del eclipse total de Sol.

El interior de la provincia de Valencia ha vivido este miércoles una de esas jornadas que permanecen durante años en la memoria colectiva. Durante unos instantes, la luz del día se apagó y miles de personas dirigieron su mirada hacia el cielo para contemplar cómo la Luna ocultaba por completo al Sol.

La totalidad del eclipse ha convertido a numerosas localidades de La Hoya de Buñol-Chiva, Requena-Utiel, La Serranía, Camp de Túria, el Rincón de Ademuz y el Valle de Ayora-Cofrentes en improvisados observatorios astronómicos.

Pero detrás del fenómeno científico ha habido también una historia humana: la de cientos de vecinos y vecinas que han compartido el acontecimiento con familiares, amigos y visitantes y la de pequeños municipios del interior que, durante una tarde, han dejado de ser territorios de paso para convertirse en lugares de encuentro.

En una provincia acostumbrada a concentrar buena parte de su población en el litoral y en el área metropolitana, el eclipse ha permitido que el foco se dirigiera hacia el otro lado del mapa.

Uno de los aspectos más curiosos de la jornada ha sido que la totalidad no duró lo mismo en todos los municipios del interior valenciano.

La posición de cada localidad dentro de la franja de totalidad hizo que unos vecinos disfrutaran de la oscuridad durante apenas unas decenas de segundos y otros durante más de un minuto. Así, en Siete Aguas, la totalidad duró unos 35 segundos, mientras que en localidades próximas como Chera alcanzó los 51 segundos, Gestalgar los 57 y Chiva unos 46 segundos.

En Utiel, uno de los puntos oficiales de observación, la totalidad fue de aproximadamente 31 segundos, con el máximo a las 20:33 horas y el Sol situado apenas a unos cinco grados sobre el horizonte. La diferencia fue mucho más llamativa al desplazarnos hacia el norte de La Serranía: en Aras de los Olmos, uno de los grandes referentes astronómicos del interior valenciano, la totalidad se prolongó durante aproximadamente un minuto y 15 segundos, comenzando a las 20:31:48 y alcanzando el máximo a las 20:32:25.

También en el Rincón de Ademuz, el municipio de Ademuz disfrutó de alrededor de un minuto y 19 segundos de totalidad, entre las 20:31:36 y las 20:32:55. Son diferencias de apenas unos kilómetros que, sin embargo, hicieron que la experiencia de la oscuridad fuese distinta según el pueblo desde el que cada vecino levantó la mirada al cielo.

Otro de los elementos que hizo especialmente singular el eclipse en el interior valenciano fue la baja altura del Sol. En buena parte de estos municipios, durante el momento de la totalidad se encontraba a tan solo unos cinco grados sobre el horizonte, por lo que disponer de una visión despejada hacia el oeste era fundamental.

El eclipse se produjo, por tanto, prácticamente al atardecer, lo que contribuyó a crear ese ambiente de crepúsculo que sorprendió a quienes lo contemplaron. El Instituto Geográfico Nacional confirma que la franja de totalidad atravesó buena parte del norte de la provincia de Valencia, aunque la duración fue muy variable según cada municipio.

Macastre, punto de observación oficial de la Generalitat Valenciana en La Hoya

En la Hoya de Buñol-Chiva, la expectación se había dejado sentir desde mucho antes de que comenzara el eclipse. Buñol, Chiva, Macastre, Yátova, Siete Aguas y otras localidades de la comarca han vivido una tarde diferente, marcada por la presencia de vecinos en plazas, terrazas, campos y zonas elevadas.

La localidad de Macastre se convirtió en uno de los puntos destacados para la observación gracias a su ubicación y a la preparación de un espacio específico en torno al castillo a cargo de la Generalitat Valenciana.

En Buñol, la iniciativa de acercar la astronomía a la población permitió que muchas familias se acercaran al fenómeno desde una perspectiva divulgativa. Unos segundos en los que el paisaje cambió por completo y en los que las conversaciones quedaron sustituidas por exclamaciones, aplausos y miradas hacia el cielo.

Requena-Utiel: el eclipse sobre los viñedos

En Requena-Utiel, el fenómeno ha ofrecido una de las imágenes más singulares de la jornada: el eclipse sobre un territorio identificado desde hace siglos con el cultivo de la vid.

Utiel había sido seleccionado como otro de los puntos oficiales de observación de la Comunitat Valenciana y la comarca llevaba tiempo preparando actividades científicas, culturales y turísticas.

El eclipse ha servido para unir dos elementos aparentemente alejados: la tradición vitivinícola y la astronomía.

Para el sector turístico, la jornada también ha representado una oportunidad para mostrar una comarca que dispone de recursos mucho más allá de la producción de vino.

Durante unas horas, Requena y Utiel han aparecido en el mapa como destinos para contemplar uno de los acontecimientos astronómicos más extraordinarios de los últimos años.

La Serranía: el privilegio de un cielo oscuro

Si hay un territorio que ha sabido convertir su cielo en patrimonio, ese es La Serranía. La comarca ha vivido el eclipse desde sus pueblos y desde algunos de sus espacios naturales más espectaculares.

Aras de los Olmos, referente de la Comunitat Valenciana en materia de astronomía, ha sido uno de los grandes focos de atención. Su apuesta durante años por la investigación astronómica y la protección de los cielos oscuros ha encontrado en este eclipse una oportunidad excepcional para mostrar al exterior las posibilidades del territorio.

Pero el fenómeno también se ha seguido desde otras localidades como Chera, Sot de Chera, Gestalgar y numerosos municipios de la comarca. Aquí, el paisaje ha formado parte del espectáculo.

Montañas, barrancos, campos y pequeños núcleos urbanos han servido de escenario para una experiencia que difícilmente puede repetirse en las grandes ciudades.

La Serranía ha demostrado que aquello que muchas veces se percibe como una desventaja —la distancia, la baja densidad de población o la escasa contaminación lumínica— puede convertirse en una fortaleza.

Camp de Túria: el interior a las puertas de Valencia

En Camp de Túria, la experiencia ha tenido una particularidad: la comarca se encuentra a pocos kilómetros del área metropolitana de Valencia. Eso ha permitido que numerosas personas pudieran desplazarse desde la capital y otros municipios próximos para buscar espacios abiertos desde los que contemplar el eclipse.

La jornada ha servido para acercar el fenómeno astronómico a miles de ciudadanos y, al mismo tiempo, para poner de manifiesto la diversidad territorial de la provincia.

En cuestión de pocos kilómetros, se ha pasado del paisaje densamente urbanizado del entorno metropolitano a zonas rurales y espacios abiertos donde el cielo adquiere otra dimensión.

Familias, grupos de amigos y aficionados a la fotografía han esperado el momento de la totalidad en diferentes puntos de la comarca.

El Rincón de Ademuz: un territorio en el corazón de la España despoblada

En el Rincón de Ademuz, el eclipse ha adquirido un significado especialmente simbólico. La comarca, situada en el extremo occidental de la Comunitat Valenciana y rodeada por territorios de Castilla-La Mancha y Aragón, representa uno de los ejemplos más claros de la realidad demográfica del interior valenciano.

Sus pequeños municipios han vivido la jornada desde una posición privilegiada: grandes espacios abiertos, paisajes de montaña y una escasa contaminación lumínica.

En localidades como Ademuz, Casas Altas, Casas Bajas, Torrebaja o Vallanca, los vecinos han compartido el acontecimiento en un ambiente marcado por la cercanía y la convivencia.

Para muchos habitantes, la jornada ha tenido además un componente reivindicativo. Porque durante unas horas, un territorio que habitualmente aparece en los titulares cuando se habla de despoblación, envejecimiento o falta de servicios ha aparecido asociado a algo completamente diferente: la belleza de sus paisajes y la calidad de su cielo.

El eclipse ha demostrado que también desde el rincón más alejado de la provincia se puede ser protagonista de un acontecimiento de alcance nacional e internacional.

Ayora-Cofrentes: la sombra de la Luna sobre el valle

El Valle de Ayora-Cofrentes ha aportado otro de los escenarios singulares de esta jornada. El paisaje de montañas, valles y espacios naturales de la comarca ha permitido vivir el eclipse en un entorno muy alejado de las grandes concentraciones urbanas.

Y con una particularidad especialmente interesante en el Valle de Ayora-Cofrentes: aquí el fenómeno estuvo al límite de la totalidad. En Ayora, por ejemplo, la Luna llegó a cubrir aproximadamente el 99,5 % del disco solar, mientras que en Cofrentes alcanzó el 99,7%, pero sin llegar a producirse técnicamente la totalidad. Eso significa que, aunque desde allí la sensación de oscurecimiento fue extraordinaria, la corona solar —uno de los grandes atractivos de un eclipse total— solo pudo observarse desde los municipios que quedaron dentro de la franja de totalidad.

La comarca ha podido mostrar también uno de sus grandes valores: un territorio extenso, poco urbanizado y con amplias zonas desde las que observar el cielo. Pero, sobre todo, ha permitido que los propios habitantes fueran protagonistas de la experiencia.

En muchos casos, no ha sido necesario desplazarse a ningún lugar especial. Bastaba con salir a la calle, buscar un espacio abierto y levantar la mirada.

Una jornada vivida de muy diferentes maneras

Los ciudadanos y ciudadanas del interior valenciano han vivido esta jornada de maneras muy diferentes: desde la expectación y los nervios de quienes llevaban meses esperando el momento, hasta el humor, las bromas y los comentarios espontáneos que han acompañado la espera.

En plazas, calles, terrazas, campos y miradores se han sucedido las fotografías, los vídeos, las conversaciones y las risas, mientras algunos vecinos buscaban el mejor lugar para observar el cielo y otros simplemente disfrutaban de compartir la experiencia con familiares y amigos.

Porque, más allá de la espectacularidad del fenómeno, el eclipse también ha dejado escenas cotidianas, momentos de emoción y muchas historias personales que quedarán ligadas para siempre a esta jornada histórica. Informa, M. A. Pallás.