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Estoy pensando que la gente, con tal de sacar rédito político, es capaz de cualquier cosa. Y lo que no voy a consentir es que se ensucie mi imagen a costa de mentir y tergiversar.
Hay días que marcan para siempre la vida de una persona. Para mí, el 29 de octubre fue uno de ellos. No fue un día más. Fue, sin ninguna duda, uno de los peores días de mi vida. Lo fue como alcaldesa, pero sobre todo como vecina de Godelleta.
Aquel día no sólo vimos cómo el agua arrasó calles, viviendas y caminos. También vimos el miedo, la incertidumbre, la angustia y la desesperación de familias enteras que no sabían qué iba a ocurrir.
Desde hace unos días estoy viendo cómo algunos intentan reducir todo lo que vivimos a un titular o a una frase sacada de contexto. Es difícil explicar el dolor que produce leer determinadas cosas cuando uno sabe perfectamente lo que hizo y lo que vivió. La realidad fue muy distinta.
Aquella mañana había llovido en Godelleta, sí. Pero nada hacía pensar que estábamos a las puertas de una de las mayores tragedias que ha vivido nuestra tierra. Continué con la agenda prevista porque tampoco existía ninguna alerta que hiciera prever una situación de semejante gravedad. Y todo cambió en cuestión de horas.
A partir del mediodía dejó de existir la rutina. Dejaron de importar las reuniones. Sólo existía una prioridad: proteger a nuestro pueblo. Cancelamos el pleno extraordinario para proteger a nuestros concejales y que nadie se pusiera en carretera. Sólo recuerdo que llovía cada vez más fuerte, cada vez con mayor intensidad, y que la situación empeoraba minuto a minuto.
Recuerdo entrar en zonas donde el agua lo había arrasado todo. Recuerdo ayudar a sacar vecinos de sus viviendas. Recuerdo hablar con familias aterrorizadas. Recuerdo intentar coordinar recursos que eran claramente insuficientes para una emergencia de aquellas dimensiones. Recuerdo la sensación de impotencia, de querer llegar a todos y comprobar que era materialmente imposible. Y recuerdo, sobre todo, el miedo. Porque también tuve miedo. Miedo por mis vecinas y vecinos. Miedo por las personas mayores que vivían solas. Miedo por quienes estaban atrapados. Y miedo por los amigos desaparecidos.
Quien haya estado al frente de un municipio durante una tragedia de esta magnitud sabe que no existe un manual capaz de prepararte para vivir algo así. Por eso duele profundamente escuchar que no estaba pendiente del móvil, que no hice seguimiento de la situación o que permanecía ajena a lo que estaba ocurriendo.
¿Quién puede creer, sinceramente, que una alcaldesa deja de preocuparse por su pueblo mientras este se está inundando? Quienes me conocen saben perfectamente dónde estuve aquel día. Estuve donde tenía que estar. Pendiente de los más pequeños, por eso cerramos el colegio y la escuela infantil. En la calle. Con mi gente. Intentando ayudar. Intentando resolver problemas. Intentando salvar todo lo que pudiera salvarse.
No necesito construir un relato heroico. No lo fui. Hice exactamente lo que cualquier alcalde o alcaldesa con conciencia habría hecho: estar al lado de su pueblo cuando más lo necesitaba.
Por supuesto que hubo errores. Claro que los hubo. Sería deshonesto afirmar lo contrario. Nadie estaba preparado para enfrentarse a una tragedia de semejante magnitud. Seguramente todos, desde las distintas administraciones y niveles de responsabilidad, habríamos querido disponer de más información, más medios y más capacidad de reacción.
Pero una cosa es reconocer que hubo decisiones que, vistas con la perspectiva del tiempo, podrían haberse hecho de otra manera, y otra muy distinta es utilizar el sufrimiento de un pueblo para desacreditar a quienes lo dieron todo aquel día.
Eso sí duele. Duele porque detrás de cada titular hay personas. Duele porque detrás de cada insinuación hay una familia que también escucha y sufre. Duele porque quienes estuvimos allí seguimos conviviendo con los recuerdos de aquella jornada. Y duele especialmente comprobar cómo algunos prefieren utilizar una tragedia para intentar desgastar políticamente a quien piensa diferente.
Nunca entenderé esa forma de hacer política. Nunca entenderé que se utilice el dolor de tantas familias para intentar ganar unos votos. Nunca entenderé que se juzgue a las personas antes incluso de conocer el contenido íntegro de una declaración judicial.
Por todo ello, estoy valorando emprender las acciones legales que sean necesarias para defender mi honor y mi reputación frente a quienes han difundido informaciones o interpretaciones que considero injustas y alejadas de la realidad.
No por mí únicamente. También por respeto a todas las personas que estuvieron aquel día trabajando sin descanso. Mientras otros dedican su tiempo a alimentar la confrontación y la confusión, nosotros seguimos haciendo lo que hemos hecho desde el primer momento: trabajar. Y los hechos hablan por sí solos.
Somos un Ayuntamiento con un presupuesto anual de apenas tres millones de euros que, en estos momentos, está gestionando cerca de veinte millones de euros en inversiones destinadas a reconstruir, mejorar y preparar Godelleta para el futuro.
Estamos impulsando un proyecto de seis millones de euros para reparar los caminos dañados por la DANA. La Generalitat ya ha ejecutado las actuaciones más urgentes en los principales pasos sobre barrancos y seguimos trabajando con TRAGSA para completar el resto que están pendientes.
En las próximas semanas comenzarán los trabajos de limpieza en la zona urbano-forestal de Alto Latorre y Alto Pinar, fundamentales para proteger una de las zonas con mayor riesgo de la localidad, tras meses de gestión administrativa y obtención de autorizaciones. También se están gestionando otras subvenciones para limpieza de otras zonas forestales del municipio.
Hemos conseguido 400.000 euros del Plan de Trinquets, 600.000 euros para renovar el césped y mejorar nuestras instalaciones deportivas y otros 600.000 euros para rehabilitar el pabellón y la piscina municipal. Tenemos en marcha 4 pequeños proyectos para rehabilitar la senda del prado, incluso los muros de escollera que sustentan el camino y se vieron gravemente afectados por la dana. También nos acaban de conceder 600.000 euros para invertir en mejora de inundaciones.
Seguimos preparando la reforma de la Casa de la Cultura y la Casa de los Jubilados, avanzando en el proyecto de traslado y ampliación de la depuradora de la Alameda, actuando sobre los pinos dañados que suponían un riesgo para la seguridad y renovando la señalética del municipio.
Ese es nuestro compromiso. No vivir instalados en el enfrentamiento. Sino en la reconstrucción.
Siempre recordaremos a quienes perdieron la vida, a quienes nos abandonaron sin avisar. Siempre estaremos al lado de sus familias. Y siempre tendremos presente que nuestra obligación es aprender de lo ocurrido para que un desastre así no vuelva a golpearnos con la misma dureza.
Yo elegí dedicar mi vida a servir a Godelleta y esa decisión no cambia porque alguien intente cuestionar mi compromiso. Seguiré trabajando con la misma entrega, con la misma ilusión y con la misma responsabilidad que el primer día. Porque mi único objetivo nunca ha sido responder a quienes hacen política desde el ruido. Mi único objetivo ha sido, es y seguirá siendo Godelleta. Y mientras mis vecinos y vecinas sigan confiando en mí, seguiré dejándome la piel por MI pueblo. Como hice aquel 29 de octubre. Y como hago cada día.
Sólo me queda dar las gracias a todas las personas que estos días me habéis llamado, escrito o parado por la calle para trasladarme vuestro cariño y vuestra confianza. Ese apoyo vale mucho más que cualquier titular y me da todavía más fuerza para seguir trabajando por el pueblo que quiero. Gracias, de corazón.