Un cúmulo de circunstancias convierte al año agrícola 2020 como extremadamente difícil, según el balance de AVA-Asaja

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AVA-Asaja califica el año agrario 2020 como extraordinariamente difícil, con unas pérdidas totales estimadas en 570 millones de euros en el sector agrario valenciano. La persistente falta de rentabilidad se recrudeció en la mayoría de los cultivos y cabañas ganaderas a causa de las devastadoras repercusiones del Covid-19, tanto por las dificultades añadidas en la comercialización como por el incremento de los gastos debido a las medidas preventivas.

La pandemia irrumpió, además, justo cuando el sector agrario estaba protagonizando una ola de movilizaciones sin precedentes –bajo el lema ‘Agricultores al límite’– en protesta por la falta de rentabilidad y que en Valencia acogió el 14 de febrero la mayor manifestación agraria en lo que llevamos de siglo XXI. Las reivindicaciones agrarias coparon la agenda política por primera vez en décadas y arrancaron al Gobierno los primeros compromisos como la reforma de la Ley de la Cadena Alimentaria que, por el momento, se han demostrado insuficientes para garantizar unos precios por encima de los costes de producción.

Los agricultores aparcaron las movilizaciones, por sentido de la responsabilidad, y mostraron a la sociedad su papel esencial para suministrar alimentos en suficiente cantidad y máxima calidad durante la pandemia. Ese reconocimiento, sin embargo, no se ha traducido en mejores precios ni en medidas de apoyo que alivien las pérdidas sufridas. De hecho, el impacto por la crisis de rentabilidad ascendió a 165 millones, de ellos 125 en agricultura y 40 en ganadería. Los cultivos que peor comportamiento han tenido son el vino, las frutas de hueso, el caqui, el aceite, la almendra, las hortalizas y las flores y plantas ornamentales, mientras que las ganaderías más afectadas han sido el ovino, caprino, vacuno, las reses dedicadas a los ‘bous al carrer’ y la apicultura. Incluso algunas variedades de cítricos, que gozaron de un tirón de la demanda, han acabado con precios por debajo del umbral de rentabilidad.

La principal evidencia de la crisis de rentabilidad que atraviesan los agricultores valencianos es el incremento de la superficie sin cultivar. Según el Ministerio de Agricultura, la Comunitat Valenciana aumenta en 1.335 hectáreas las tierras agrarias baldías, lo que supone un 0,83% más que en 2019, y sigue encabezando el ranking nacional con un total de 162.902 hectáreas.

La supresión de materias activas –como el Clorpirifos y Metil-Clorpirifos– y la falta de alternativas viables para hacer frente a las plagas y enfermedades ha provocado este año en el campo valenciano un desperdicio alimentario récord de 450.000 toneladas, que se traduce en unas pérdidas de 150 millones para los productores.

Los daños provocados por la superpoblación de la fauna salvaje (jabalíes, conejos, cabras montesas, etc.) han aumentado este año un 20%, superando por primera vez la barrera de los 30 millones de pérdidas en la agricultura valenciana, debido a la inacción política y a las restricciones de la caza. El impacto de los robos se ha mantenido en los 25 millones.

Finalmente, la anomalía climática ha acumulado más de 200 millones de pérdidas en el campo valenciano, resaltando la borrasca Gloria en enero, la gota fría en noviembre, un récord de días lluviosos y nublados en primavera y varios temporales de pedrisco a lo largo del año, entre ellos la tormenta más devastadora de los últimos 30 años en Utiel-Requena. Informa, Luis Ibáñez.

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