El sector agrícola y ganadero de Turís se ha visto seriamente afectado por el último incendio forestal

El sector agrícola turisano se ha visto muy afectado. tc.c

El sector agrícola turisano se ha visto muy afectado. tc.c
Escasos días después de que el incendio forestal originado en Cortes de Pallás calcinara una gran parte del término de Turís, la ceniza de los montes deja un panorama desolador. A las grandes pérdidas sufridas en urbanizaciones y principalmente en el monte turisano se suman otros damnificados de esta catástrofe, los agricultores.
Cada día que pasa, como informó este semanario en su edición impresa, los daños en el campo son más visibles. A los desperfectos causados por el fuego en tuberías de riego localizado, se unen los registrados en los árboles frutales, viñedos, cítricos, olivos y algarrobos, la gran mayoría centenarios. Todos ellos han sufrido daños que en muchos casos son irreparables, ya que el árbol no brotará. Además de los agricultores, el sector ganadero también acumulará grandes pérdidas, ya que algunos de los rebaños que pastaban en la zona ya no podrán comer en esas tierras, lo que obligará al ganadero a comprar el alimento. Durante un largo tiempo tendrán que consumir pienso, por lo que el incremento en la cría de estos animales provocará un encarecimiento extra.
Por cultivos, a falta de valorar más al detalle, los olivos y algarrobos son los más dañados. Estos árboles, en su mayoría centenarios, ocupaban la zonas altas del término y la mayor parte de ellos se han calcinado completamente, mientras que el resto, como mínimo, perderán las hojas y el fruto.
Los cítricos, frutales y hortalizas que ocupan las zonas más llanas del término y cercanas al cauce del río se han visto mucho más afectados, por lo que los daños económicos son mayores —tanto en el árbol como en las instalaciones de riego—. Los árboles han sufrido mucho, los márgenes de los campos se han quemado, al mismo tiempo que las tiras más cercanas. Además, el fuerte viento y el humo generado por el incendio han provocado que la mayoría de árboles hayan sufrido un fuerte estrés hídrico que ha escaldado las hojas, de ahí que gran parte de los campos tengan que ser literalmente arrancados.
Otro sector que también sale perjudicado es el de los cazadores, ya que la zona deforestada ocupa una gran superficie en la que había una mayor densidad de animales. Jabalíes, conejos y perdices son algunas de las especies que allí habitaban. Ahora, la sociedad de cazadores de Turís realiza salidas periódicas para llenar los bebederos y echar comida en las zonas que están calcinadas. De esta forma, los animales que han sobrevivido pueden comer, ya que en esta zona durante un tiempo no lo podrán hacer. Al mismo tiempo evitan que los animales perjudiquen las cosechas que han resistido el incendio.
La magnitud del suceso o la falta de medios provocaron que las llamas llegaran hasta las zonas de cultivo, ya que el fuego fue desplazándose poco a poco por barrancos, desaguaderos y ribazos principalmente. Luego, debido en parte a lo seco que se encontraba el terreno, fueron penetrando por los campos, muchos de ellos abandonados, así como por los márgenes.
Así, el daño ha sido mayúsculo, ya que además de los cultivos dañados, las tuberías del riego localizado han sufrido importantes desperfectos, por lo que en muchos casos habrá que cambiarlas.
Los agricultores reconocen que preveían que un incendio pudiera calcinar la tira de la orilla, pero no todo el campo, como así ha ocurrido en la mayor parte de cultivos.
Analizado lo ocurrido, ahora toca esperar a la reacción de los árboles y después, una vez visto si rebrotan y en qué condiciones, aplicarles las medidas necesarias para recuperarlos o, en todo caso, arrancarlos. Lo único que ya saben a ciencia cierta los agricultores turisanos es que, como mínimo, en dos años no tendrán cosecha.
El abandono de los campos ha sido en esta ocasión un combustible más para el fuego, unas tierras que debido a la poca rentabilidad han sido abandonadas. Hace ya 18 años que otro incendio de similares características asoló la zona del interior y La Ribera, aunque en aquella ocasión los daños fueron menores, al igual que la superficie quemada. Todo gracias a que entonces los campos se encontraban cultivados y a que estos actuaron como cortafuegos. Además, muchos ganados pastaban estas zonas con tanta vegetación dejándolas muy limpias. Hace casi dos décadas apenas se quemaron los algarrobos y olivos centenarios que ahora han sido pasto de las llamas.
Dicho esto, desde el sector agrario se pide ayuda de las administraciones al campo, ya que los agricultores son los auténticos vigilantes del monte y de su conservación.

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